La pasión se excede y la angustia recrudece, en tanto el reloj hace correr el cuarto minuto adicional. Ellos se miran, anudando las gargantas, maldiciendo al cielo. Nosotros, abrazados sin distancias en el último aliento, preparamos el grito contenido al mismo tiempo que la pelota sobrevuela la cabeza del arquero y casi en cámara lenta, en esa eternidad propia de los instantes de gloria, se encamina a su antojo a cruzar la línea blanca, agolpando lágrimas y alaridos, mientras ese petiso que la rompe, sin esperar desenlaces, ya lo grita corriendo hacia nosotros, estemos donde estemos.
Hoy no juego
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Los colchones tienen que tener la consistencia justa para asegurar un buen
sueño y no arrancar el día caminando maltrecho. El mío se debe haber
vencido,...
Hace 2 semanas
2 comentarios:
Se acerca el mundial...por lo que se lee por acá. Suerte!
Qué enano prodigioso, che.
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