Su sueño era viajar a aquel lugar mágico, donde las historias recogidas en su mente se burlaban de lo posible, hurgando en lo macabro, lo exótico y paranormal. Ese lugar donde un payaso asediaba a los niños y una tormenta desaparecía a una isla entera. Ese sitio de faros, de bosques y pequeñas bahías, de fríos intensos y miradas gélidas. De asesinos y seres sin nombre. De pequeños que crecen pero siguen siendo prisioneros de sus tormentos. De una búsqueda inalcanzable, hacia una torre que todo lo enlaza. Cada vez que cerraba un nuevo libro, nombraba el sitio en voz alta, como si eso lo predestinara a ese viaje. Es que tarde o temprano se produciría, lo sabía muy bien. Al cerrar los ojos contemplaba un paisaje que conocía como la palma de su propia mano, imposible de confundir. Y al abrirlos, no dudaba en decirlo en voz alta: Iré. Se sentía parte de aquella región del norte, como buen lector de sus historias. Ir sería volver a casa. No sabía en cuál de todos los libros comenzó a sentir pertenencia, y tampoco le importaba. De lo único que estaba seguro, era que aquel era su lugar en el mundo. Cuando se lo comentaba a sus conocidos, estos se reían. ¿Querés conocer a King? Le preguntaban con sorna. Pero él guardaba silencio y sonreía sin resignarse. ¿Conocer a King? ¡A quién se le ocurriría! Ese hombre era tan solo el mensajero. El quería llegar a las entrañas de esa tierra, enterrar sus manos en el fango y encontrar las raíces de su existencia. Y transformarse en un ser más, en un monstruo más de esa geografía, saciar su sed de sangre, esa que lo llamaba tras dar la vuelta a cada página, buscando el final soñado, bajo la lluvia de Maine, en una noche de otoño fatal.
martes, 25 de septiembre de 2012
lunes, 17 de septiembre de 2012
El arduo camino del ascenso laboral
Aspiraba el ascenso desde hacía un par de años. El cargo de "jefe" era su meta y al fin lo habían llamado para una entrevista. Razón suficiente para que sintiera una extraña sensación de vértigo en su estómago y tuviese la frente perlada en sudor. La espera en el pasillo de la gerencia había sido devastadora, temía que los nervios le jugaran una mala pasada frente al gerente y durante todo el tiempo se imaginó echando a perder la oportunidad de las formas más ridículas. Al abrirse la puerta y escuchar su apellido todo miedo se disipó.
Se ubicó en una silla vacía, en tanto la figura imponente del otro lado del escritorio lo ignoraba mientras firmaba varios cheques que luego guardó en uno de los cajones. Una vez que terminó con la operatoria, puso su atención en la persona que tenía delante.
- Para el cargo de jefe se necesitan requisitos ineludibles - le advirtió con voz ronca pero segura.
El hombre se revolvió en su asiento, sin poder discernir si aquello era una pregunta o solo la introducción a la entrevista. Decidió aguardar en silencio.
El gerente buscó en otro cajón una carpeta, de la que luego extrajo un formulario.
- Veamos - dijo, mirando al entrevistado a los ojos - Le voy a hacer unas preguntas para poder determinar si es la persona indicada para el puesto.
Se limitó a asentir con la cabeza, al tiempo que silenciaba un carraspeo que quería incomodarlo en aquel crucial momento.
- ¿Sabe usar una planilla de cálculo? - fue la primer pregunta.
- Si, claro. Es decir, sumas, restas, esas cosas.
- ¿Y si se le pide una planilla de mayor complejidad?
- Bueno, le ordenaría a alguien que lo hiciera.
- Muy bien, muy bien. Dígame ¿si alguna persona bajo su responsabilidad cumple bien con su tarea, cómo debería felicitarlo?
- No debo, para eso se le paga.
- Bien, muy bien. Ahora el caso contrario, una persona bajo su responsabilidad comete una imprudencia y el sector no alcanza un objetivo por su culpa. ¿Cómo procede?
- Con una reprimenda ejemplar, para que todos aprendan la lección.
- ¿Si alguien le reclama un aumento o beneficio?
- Lo ignoro.
- ¿En caso de reclamo colectivo, es decir, de varias personas?
- Fácil, les recuerdo toda la gente sin trabajo que mataría por ocupar sus lugares.
- Finalmente, ¿Buscaminas, Solitario o Carta Blanca?
- Buscaminas, toda la vida.
- Felicitaciones, el puesto en suyo.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
La simpleza de la felicidad
Le sonrió al calendario y se abrazó a su suerte. Un año con ella. Era feliz.
viernes, 31 de agosto de 2012
Bartolomeo enamorado
Algunos enamorados regalaban flores, otros bombones y no faltaba quién aún persistiera con el antiguo rito de la carta. Pero lo de Bartolomeo era distinto, único. Su regalo era muy difícil de equiparar con otros ejemplos. Porque él a su novia le enviaba cadáveres. Primero fue el de un anciano, luego el de un piloto de autos de carrera y finalmente, antes que ella lo denunciara, el de un bombero.
Mientras lo llevaban preso, bajo una fuerte custodia policial, alcanzó a gritarle por encima de los insultos de la multitud: ¡Amor, en el freezer dejé a tus padres! Ella cayó desmayada al instante. El enamorado Bartolomeo, en cambio, sintió que el corazón le volvía a galopar al ritmo de las mariposas que le revoloteaban en el estómago.
domingo, 26 de agosto de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
Mejoras productivas
Juró una y mil veces que solo había encendido fuego para preparar un asado, pero no le creyeron. Las pruebas eran contundentes, había enviado señales de humo encriptadas al cielo y así orquestado el asalto a un banco en una ciudad vecina. Jamás encontraron el dinero, ni a los cómplices, pero lo condenaron a diez años de prisión, que cumplió en su totalidad.
Al tiempo lo volvieron a atrapar.
Juró una y mil veces que solo había querido conectarse a una red wi-fi para revisar el correo electrónico, pero no le creyeron. Las pruebas eran contundentes, se había conectado a la red del banco y transferido todo el dinero a una cuenta suya, que jamás pudieron rastrear. Lo sentenciaron a prisión quince años y salió en cinco por buena conducta.
Pocos meses después, fue arrestrado nuevamente.
Juró una y mil veces que solo se había desintegrado como parte de un experimento científico, pero no le creyeron. Las pruebas eran contundentes, había atravesado cinco bóvedas de máxima seguridad y robado el tesoro del banco central. No pudieron juzgarlo. Desapareció de la celda sin dejar rastro.
Aún buscan los botines de cada asalto.
sábado, 18 de agosto de 2012
El fin de las musas
Las musas, como todo laburante, tienen horarios de trabajo. No siempre coinciden con los del artista y eso es notable a la hora de juzgar el fruto del tiempo invertido por éste. También, cuando las condiciones en las que deben realizar sus tareas no son dignas, realizan medidas de fuerza, que van desde una huelga general que suelen provocar bloqueos artísticos o bien, un trabajo a desgano, que conlleva a producciones de muy mala calidad.
Los críticos de arte, sin embargo, tienden a confudir los estados de las musas, considerando muchas veces, como genialidades los resultados artísticos acontecidos en los momentos en el que las musas menos influencia tenían sobre el artista.
Eso entonces provoca que se avale como bueno lo que no lo es y se ignore lo que realmente vale la pena. Y tanto ha sucedido esto, que ya es imposible determinar cuando un artista ha sido visitado por una musa o tan simplemente, el éxito ha sido decidido por el capricho de un crítico.
Incluso, hay quienes se atreven a decir que las musas hace rato que abandonaron el oficio, dedicándose a menesteres más mundanos, como la producción de la miel de abeja roja o la crianza de amapolas en estado silvestre, y que todo lo que creemos es arte, en realidad no lo es.
Por lo tanto, arte o no, y ante el desamparo de las musas, privado de todo tipo de inspiración, ponemos punto final a este texto. ¡Y que sea tarea del crítico lector determinar lo que de estas líneas, ha resultado!
jueves, 9 de agosto de 2012
Carrera
Los ocho atletas soñaron con tener la carrera perfecta y todos llegaron al mismo tiempo. Los jueces no lo creyeron posible e hicieron repetir la prueba. Ninguno largó esta vez y todos fueron descalificados. Los jueces se proclamaron vencedores.
jueves, 2 de agosto de 2012
Blanco inocencia
Pinté las últimas paredes con el crudo invierno a mis espaldas. Las dejé blancas, inmaculadas. Los vidrios se empañaban por el contraste de temperatura. El paisaje helaba el corazón de solo mirarlo. Pero ya había desaparecido. Lo cubría una mano de "blanco inocencia", como me habían apuntado antes de salir. Una venganza bien ejecutada no tiene condena. Más cuando la impunidad es la moneda de cambio.
sábado, 21 de julio de 2012
El loco del reloj
Le decían el loco del reloj, porque usaba dos en cada brazo. Uno lo utilizaba para saber la hora real, pero nunca la consultaba. Otro lo tenía adelantado diez minutos y era el que usaba más a menudo, dado que señalaba que de esa forma llegaba a tiempo a cualquier cita. Había uno de esos relojes que solo lo observaba cuando sonaba la alarma que le programaba aunque nadie jamás supo la razón de la misma.
El cuarto directamente no funcionaba, pero era recuerdo de su padre. Supo usar en una época un quinto y un sexto reloj, pero con el tiempo se dio cuenta que eran demasiados.
Todas las tardes se sentaba en la plaza, justo frente a una pequeña torre con reloj que ornamentaba la calle principal del pueblo. Se quedaba largo rato mirando como las agujas del mismo iban cambiando de posición, como si en eso se concentrara la razón de la existencia.
Era de poco hablar y evitaba cualquier posbilidad de conversación. Si alguien le preguntaba la hora, le devolvía una mirada enojada y seguía su camino, sin responder ni una sola palabra.
Cierto día sacaron la torre con el reloj, porque la comuna debió venderla para poder pagar unas deudas. Desde entonces todas las tardes permaneció en el lugar donde estaba colocada la torre, parado y con un brazo en alto, mostrando dos de sus relojes. La gente pasaba caminando a su lado y le sonríe. Ni siquiera devolvía esos gestos.
De repente dejó de verse su figura por las calles, justo después de la muerte de su madre. Algunos aventuraron que se había ido del pueblo, otros que había muerto o tenido algún ataque de locura. En realidad estaba en su casa y de allí no salía. Ya no tenía a nadie que le diera cuerda.
domingo, 15 de julio de 2012
Sobresalto
Despertó sobresaltado, con escarcha en los brazos. Había soñado otra vez con sus padres vivos. Reprimió el estremecimiento y se sintió cómodo al saberse bajo su lápida. El fantasma volvió a sumirse en el descanso, que lejos estaba de ser eterno.
martes, 3 de julio de 2012
¿Y si el hombre se cansa?
¿Y si el hombre se cansa?
¿Y si acaso desea apurar su destino, ese al que todos nos espera?
¿Qué pasa entonces, cuando eso anhela?
¿Tiene acaso el derecho de reclamar su parcela?
¿Cuál es nuestra función en semejante dilema?
¿Escucharlo tan solo y cambiar de tema?
El grito es el llanto, el deseo es la pena,
la vida que ya no es vida, cae como la arena.
La sangre en las venas se inquieta y la mente se estresa,
es un cuerpo inerte que suplica, pero ya no reza.
Se encomienda a la vergüenza, al dolor,
se sabe impotente, títere del tiempo,
ya no es el que era, ni tampoco será mucho más
tan solo un cuerpo que aguarda, ni siquiera con paz.
Las horas son lentas, presas de una desgracia,
haciendo del desenlace, una nueva burocracia.
Las agujas marchan llevadas por una brisa,
que en tanto giran, reprimen la prisa.
El hombre cansado solo pide piedad,
que el momento llegue y nada más,
que lo envuelva la noche, Dios o Satanás,
adormeciéndolo para siempre, de esta realidad.
¿Y si el hombre se cansa, pero no puede escapar?
¿Cuál es el destino, si se harta de esperar?
¿Si su deseo es basta y ya no quiere más?
¿Qué?
¿Cómo?
¿Dónde, está la respuesta que sueña escuchar?
domingo, 24 de junio de 2012
De montañas y otras miradas
Llegué a la cima de la montaña extenuado. Mis dos compañeros parecían en mejor forma. Podía observarse el infinito desde aquella altura. El mundo parecía imponente y nosotros, los reyes de todo. Pero cierta sensación se apoderó de mi. Un dolor emocional. Una marea interna que me azotaba con violencia. Porque después de tocar el cielo con las manos, habría que bajar, que volver a la planicie. Y estando tan alto, descender era retroceder, era un regreso no deseado. Les dije a mis compañeros que no volvería con ellos y creyeron que el ascenso me había afectado. De alguna manera se las ingeniaron para sedarme y cuando desperté, me estaban bajando. Sentí que regresaba a ninguna parte y me dejé arrastrar. Ahora nuevamente veo al mundo como siempre, ya no observo el horizonte interminable. No me creo fuerte ante la vida, no me considero valiente ante el porvenir. Sin embargo, vivo. Y sigo. Esperando alguna otra vez, volver a escalar.
domingo, 17 de junio de 2012
Inconcluso
Nicanor era muy bueno escribiendo, pero renegaba de las ideas que se le ocurrían. Empleaba semanas en borradores que luego descartaba, porque el tema no lo convencía o bien, llegaba al último capítulo de una novela y desistía de proseguir, porque consideraba que la trama no era aceptable.
Estuvo en contacto con varias editoriales, que estuvieron a punto de publicarlo en numerosas ocasiones, pero jamás llegó a redactarse contrato alguno. Los editores se mostraban entusiasmados con las sinopsis, razón por la que no entendían las razones que llevaban posteriormente al escritor a abandonar la historia.
Al momento de fallecer, Nicanor no había terminado ningún cuento, poesía o novela. Todas sus obras quedaron inconclusas y archivadas. Tras su deceso, llegó la duda. ¿Había muerto un escritor o un casi escritor?
El debate continua hasta el presente en los ámbitos académicos.
lunes, 4 de junio de 2012
La masacre de los tomates
El rey cabeza de tomate avanzó arengando a sus tropas. La batalla del huerto aun no estaba perdida. Adelante, entre las malezas, se ocultaban astutos los rábanos. La ayuda que las zanahorias habían prometido, nunca había llegado. En cambio, habían sufrido el fuego cruzado de las mazorcas de maíz. ¡Triunfo o salsa! fustigó a los suyos, sabiendo que los llevaba hacia una verdadera ensalada. Al final del día, la tierra se tiñó de rojo.
martes, 29 de mayo de 2012
Desamparada
Hoja descascarada que marchita sin prisa
el despojo como herida, el llanto del niño
que amamantas con temor y sin corpiño
el penar de tus años, que alejan la risa
De calles sin nombre, cual fantasma a la deriva
del olvido sin causa, sin flor ni retoño
de pesares infinitos y eternos otoños
caminas como nadie, sin destino ni vida
La mano que extiendes, vuelve vacía
y las miradas que esperas, son esquivas
mientras las horas se roban el día
y el corazón se estruja sin comida
Las lágrimas se te hagan a un lado
y tu frente lleves siempre erguida
que si bien no es fácil esta vida
peor es creer que todo ha terminado
La esperanza es una buena amiga
aún cuando con eso solo no alcance
y la vida esté lejos de ser un romance
porque hace que duela menos el “mendiga”
El descanso en el suelo áspero y frío
es el de una hoja moribunda, olvidada
pero no te rindas, no permitas tu retirada
que el mundo sepa de quién es el brío
miércoles, 16 de mayo de 2012
Pronósticos
Existe gente con dones naturales, talentos innatos que le dicen. Algunos transcurren la vida sin saber que son poseedores de uno, pero otros, afortunadamente en muchos casos, toman conciencia del que tienen y hacen uso del mismo.
El caso de Carlitos Ripol sin embargo, ha despertado dudas en el ámbito universitario. La duda es si realmente se puede encuadrar a esta persona como talentoso o un simple farsante. La realidad es que Carlitos no se cree para nada un embustero. Está seguro de su talento.
Como todas las mañanas, Carlitos se levanta, desayuna y lee el diario, al que le refuta entre otras cosas, todo pronóstico existente, ya sea sobre el tiempo, los números de la quiniela o el horóscopo. Es que él, nacido y criado en las afueras del pueblo, educado entre cada pastoreo y cosecha, tiene sus propios augurios.
Tras esa lectura, abre la puerta del rancho y la deja así, de par en par. A los pocos minutos comienzan a llegar los vecinos de pueblos cercanos para saber su suerte para ese día.
Arriban con provisiones, dado que Carlitos no les cobra y a ellos les parece mal no dejar nada a cambio por sus palabras. Así es que a Susana le asegura que apueste por el 53 que saldrá a la cabeza y que no mande a la peluquería a su hijo ese día porque el peluquero está en un mal día y le cortará mal el flequillo; a Jacinto le profetiza una espina en el pescado y que por la noche entre las macetas, que la helada le secará de lo contrario todas las plantitas. Dominga se va preocupada, porque le ha dicho que su hija regresará sin problemas del viaje al sur.
Y está bien que Dominga se preocupe, porque rara vez Carlitos acierta un pronóstico. Es por eso que Susana le jugará al 35 y mandará tranquilo a su hijo a la peluquería y Jacinto comerá sin miedo el pescado gratinado que su mujer le prometió para el mediodía, amén de olvidarse de sus plantas, que podrán pasar la noche en la intemperie sin miedo a que se hielen.
Los estudiosos no se ponen de acuerdo, porque quizá el talento existe, pero Carlitos lo utiliza exactamente al revés. Pero mientras ellos debaten, sus vecinos le agradecen. No será lo que él dice, pero sin dudas que es una ayuda.
viernes, 4 de mayo de 2012
Alvarito
Alvarito, siempre tan tímido. Le pidió al poeta del pueblo que le escribiera una poesía para la chica que le gustaba y para tal fin, se la mostró desde lejos. Al otro día los cruzó sentados en un bar, bebiendo una gaseosa y tomados de la mano. Alvarito, siempre tan comedido. Su amigo del alma necesitaba que lo acompañara una noche a la casa de sus suegros. Lo vio meterse por la ventana y se quedó esperándolo bajo la luna. Solo debía avisarle si llegaba alguien. Pero ni siquiera se percató del policía que lo apresó por merodear en forma sospechosa. Alvarito, siempre tan compasivo. Los niñitos que piden limosna siempre han sido su debilidad. Imposible no detenerse frente a la iglesia y sacar la billetera para darles unos pocos billetes a esos niños deseosos de comida y cariño. Una vieja costumbre, que tanto le han recomendado no hacer. Sobre todo si hay otros observando y que al doblar la esquina no tienen el menor reparo en detenerlo, ponerle un cuchillo en la garganta, sacarle la billetera y salir corriendo. Alvarito, siempre tan Alvarito. Creer que todo está bien, que las cosas pasan porque si y no porque uno las provoca. Por eso va por la vida como si nada, sonriendo, saludando, esperando lo mejor de todos. Porque si uno da lo mejor, seguramente recibirá lo mejor... ¿o no? ¿Un telegrama bajo la puerta de su casa? ¿Despedido? Se resigna, otra vez tendrá que tirar curriculums... Ay Alvarito, siempre tan vos. Así nunca vas a ser alguien.
domingo, 29 de abril de 2012
Un viejo
y aunque imagínase erguido
cerviz de sauce en la fuente,
cayado en siglos sumido.
Las décadas que ha vivido
le han retenido el aliento,
han puesto sepia en olvido
con hastíos macilentos.
Los fresnos siembran monedas
que cayendo a ritmo lento
en nostalgiosas veredas
sin tintines bajo el viento
se deshacen en crujidos
pobre orquesta en contrapunto
titubeos sostenidos
sin unísono el conjunto.
Pero él escucha ovaciones,
de quién sabe qué tribunas
coro de las emociones
sus recuerdos importunan.
Lo celebran los canteros,
serias dalias, los claveles,
le devuelven los tinteros,
la colimba, los laureles,
los tiempos que se amontonan
en rincones polvorientos
nunca su gloria destronan
pincelando aburrimiento.
Quiera el cielo que recuerden
la simiente de su especie
no hay amparo si se pierden
sus palabras, no se aprecie
que su paso en la espesura
de una vida aventurada
de la historia, travesura,
está escrito en su mirada.
viernes, 13 de abril de 2012
Tenés que hacer algo Nelly
Y eso que se lo advertí varias veces a la Nelly. Le dije, lo recuerdo bien clarito, "tenés que hacer algo Nelluy, son muchas horas delante de la computadora". Al Matías apenas si lo dejo una o dos horas, después lo echo al patio o a la calle, para que respire aire libre, juegue a la pelota o lo que sea, pero afuera, no encerrado en la casa. En cambio el Hugo, madre mía el Hugo, creo que en los últimos tres años apenas si vio la luz del sol. Salvo para ir a la escuela, el Hugo no salió nunca en este tiempo de la casa. Le pregunto a ella: "¿Y que hace Nelly?". Juega en la compu, me respondió cada una de las veces la Nelly, resignada.
Parece mentira, casi como una bruja le dije una vez: "Va a llegar un día que no lo puedas sacar de la pieza". La Nelly se me reía, jactándose de inmediato que llegado el momento, con un grito arreglaba todo. Pobre, que ilusa...
Acerté en la premonición, aunque no en el sentido que lo pensaba entonces. Es verdad, al Hugo no hay forma de sacarlo de su habitación, pero no porque no quiera, sino porque no puede. Se puso tan obeso en las vacaciones, que al tener que volver a la escuela descubrieron que no salía por la puerta. Y una saca cuentas, no hay muchos misterios, fueron tres meses encerrado en su pieza del primer piso, jugando a los videojuegos, comiendo porquerías, sin hacer ejercicios.
La escucho a la Nelly chillar, a pesar que la pared que da a su casa es de treinta. Está desesperada pobre mujer, los bomberos amenazaron con romper una de las paredes y luego usar un sistema de poleas para bajarlo a la planta baja. En la calle está medio barrio. La curiosidad carcome a todos. Y sin embargo aquí me tienen, en la cocina de mi casa, espiando de vez en cuando por la ventana, pero sin animarme a salir. ¿Se imaginan estar en la situación de la Nelly? Válgame Dios. Por eso no me arrepiento de agarrar cada tarde de la oreja al Matías y arrojarlo al patio, como si fuese una mascota que se ha portado mal.
Es horrible, también escucho al Hugo que le grita a la madre, casi al borde de un ataque de nervios. Intento no escuchar, pero es imposible: "Esperá mamá, decile que aguanten un toque, que estoy en el último nivel y en cualquier momento llega el jefe final".
Pobre Nelly, pobre Nelly...
