domingo, 29 de abril de 2012

Un viejo

Un viejo camina ausente
y aunque imagínase erguido
cerviz de sauce en la fuente,
cayado en siglos sumido.

Las décadas que ha vivido
le han retenido el aliento,
han puesto sepia en olvido
con hastíos macilentos.

Los fresnos siembran monedas
que cayendo a ritmo lento 
en nostalgiosas veredas
sin tintines bajo el viento

se deshacen en crujidos
pobre orquesta en contrapunto
titubeos sostenidos
sin unísono el conjunto.

Pero él escucha ovaciones,
de quién sabe qué tribunas
coro de las emociones
sus recuerdos importunan.

Lo celebran los canteros,
serias dalias, los claveles,
le devuelven los tinteros,
la colimba, los laureles,

los tiempos que se amontonan
en rincones polvorientos
nunca su gloria destronan
pincelando aburrimiento.

Quiera el cielo que recuerden
la simiente de su especie
no hay amparo si se pierden
sus palabras, no se aprecie

que su paso en la espesura
de una vida aventurada
de la historia, travesura,
está escrito en su mirada.

viernes, 13 de abril de 2012

Tenés que hacer algo Nelly

Y eso que se lo advertí varias veces a la Nelly. Le dije, lo recuerdo bien clarito, "tenés que hacer algo Nelluy, son muchas horas delante de la computadora". Al Matías apenas si lo dejo una o dos horas, después lo echo al patio o a la calle, para que respire aire libre, juegue a la pelota o lo que sea, pero afuera, no encerrado en la casa. En cambio el Hugo, madre mía el Hugo, creo que en los últimos tres años apenas si vio la luz del sol. Salvo para ir a la escuela, el Hugo no salió nunca en este tiempo de la casa. Le pregunto a ella: "¿Y que hace Nelly?". Juega en la compu, me respondió cada una de las veces la Nelly, resignada.
Parece mentira, casi como una bruja le dije una vez: "Va a llegar un día que no lo puedas sacar de la pieza". La Nelly se me reía, jactándose de inmediato que llegado el momento, con un grito arreglaba todo. Pobre, que ilusa...
Acerté en la premonición, aunque no en el sentido que lo pensaba entonces. Es verdad, al Hugo no hay forma de sacarlo de su habitación, pero no porque no quiera, sino porque no puede. Se puso tan obeso en las vacaciones, que al tener que volver a la escuela descubrieron que no salía por la puerta. Y una saca cuentas, no hay muchos misterios, fueron tres meses encerrado en su pieza del primer piso, jugando a los videojuegos, comiendo porquerías, sin hacer ejercicios.
La escucho a la Nelly chillar, a pesar que la pared que da a su casa es de treinta. Está desesperada pobre mujer, los bomberos amenazaron con romper una de las paredes y luego usar un sistema de poleas para bajarlo a la planta baja. En la calle está medio barrio. La curiosidad carcome a todos. Y sin embargo aquí me tienen, en la cocina de mi casa, espiando de vez en cuando por la ventana, pero sin animarme a salir. ¿Se imaginan estar en la situación de la Nelly? Válgame Dios. Por eso no me arrepiento de agarrar cada tarde de la oreja al Matías y arrojarlo al patio, como si fuese una mascota que se ha portado mal.
Es horrible, también escucho al Hugo que le grita a la madre, casi al borde de un ataque de nervios. Intento no escuchar, pero es imposible: "Esperá mamá, decile que aguanten un toque, que estoy en el último nivel y en cualquier momento llega el jefe final".
Pobre Nelly, pobre Nelly...

jueves, 5 de abril de 2012

La pregunta

La contempló una vez más desde el puente de mando. Solitaria y pequeña, como jamás la había imaginado. El capitán también la observaba. Los demás no tenían el coraje. Se les notaba en los semblantes avasallados por la tristeza.
Carraspeó un par de veces y luego le hizo aquella pregunta, cuya respuesta sabía de antemano, a su superior, a quién los ojos parecían temblarle frente al infinito espacio que se esparcía más allá de lo que podía apreciar.
- ¿Volveremos por ella en algún momento?
El capitán se permitió el silencio, no como respuesta, sino como estrategia para ganar tiempo, mientras buscaba las palabras justas, que pudieran contestar con certeza el interrogante, el mismo que se hacían cientos y cientos de sobrevivientes, mientras se alejaban de todo lo conocido.
Finalmente cerró los ojos y contestó, conciente que aquella oscuridad momentánea no lo ocultaba, sino que muy por el contrario, lo exponía ante la humanidad, como responsable de aquella huída, de aquel salvataje en medio del caos, de la destrucción. Solo necesitó una palabra, tan solo una que resumía no su deseo, sino la realidad, aquella a la que siglos y siglos de vandalismo y desidia habían logrado concretar.
- No.
El sargento miró por última vez el planeta y retomó su puesto. Atrás quedaba el pasado.

sábado, 31 de marzo de 2012

Las pastillas de la anciana

Casi con timidez le hizo la pregunta.
- ¿Podrán ser dos?
El hombre la observó por encima de sus gafas y sin poner objeciones, le recetó dos cajas en lugar de una.
La mujer tomó los papeles y los guardó rápidamente en su cartera, como temiendo que se arrepintiera.
Caminó con esfuerzo hasta el puesto de venta más cercano. Sus pies no podían llevarla más ligera. Mostró orgullosa sus recetas y esperó a cambio las dos cajas. Pagó satisfecha y se fue.
A medida que veía las casas de su cuadra, sonreía. Se le antojaba un día perfecto. Llevaba las dos cajas dentro de la cartera.
Ahora que tenía una de más, podía llevar adelante su plan. Tomó la suya, la de cada mediodía. Sacó otras tres pastillas, de la segunda caja. La de repuesto, pensó. Y las metió empujando con los dedos dentro de un pedazo de carne.
Salió sigilosa al patio, tratando de no hacer ruido. De todas formas el canino del vecino la escuchó y comenzó a ladrarle con furia. Ella le arrojó el bocado directamente encima de la cabeza.
El perro dio un salto y lo atrapó en el aire.
- Pobre de vos, perro malo - le espetó, volviéndose al interior de su vivienda. Con suerte, lo dormiría hasta la noche y así podría salir a regar sus plantas sin tener que soportar tanto ladrido.
Esperó prudencialmente una hora y se asomó al patio. Fue instantáneo. El animal la toreó con odio. Se imaginó que en los perros, la pastilla demoraría más tiempo en hacer efecto. Volvió a salir sesenta minutos después. Escuchó los ladridos ni bien puso un pie en el patio.
No entendía que sucedía. Aquello no daba resultado. Miró la hora. El doctor aún estaría en el consultorio. Esta vez no caminó, pidió un taxi. Llegó justo para pararlo en la puerta. En pocas palabras le dijo que la pastilla no estaba haciendo efecto (nunca explicó en quién).
El doctor le sonrió.
- Doña Amanda, sin embargo a usted la veo bien, enérgica, llena de fuerza, mire como se la nota exaltada. Déjeme decirle que en realidad nunca le han hecho nada, es un placebo. Es hora que lo sepa. Usted está sana, sucede que cree que necesita de las pastillas para estar bien.
- ¡No! - le recriminó ella. - No estoy bien, el perro me ataca continuamente, cómo puede decir que estoy bien.
- ¿Qué perro? Amanda, le hablo de su salud, usted...
- Yo nada. El perro es el que me molesta y usted me da pastillas que no hacen nada. ¿Cómo quiere que esté bien?
- Usted está bien Amanda, entiéndalo.
- Dígame entonces cómo estar mal en serio, cómo estar tan mal como para que me recete el medicamento verdadero.
- Por favor Amanda, no diga estupideces.
- ¿Estupideces? Claro, usted con su guardapolvo blanco, su auto cuatro puertas, vive ajeno a este mundo, donde los perros ladran y una no puede estar ni siquiera en su propio patio.
El hombre estaba perdiendo la paciencia.
- Si lo que la molestan son los perros, hable con los dueños, pero no se haga recetar fármacos para intentar envenenarlos o lo que sea. La podría denunciar si quisiera.
- Me da remedios que no sirven, ahora me quiere denunciar. Usted es un delincuente, le tendrían que sacar la licencia.
- Amanda, escúcheme. Me está haciendo enojar. Présteme atención, ya estoy podrido de seguirle el juego. No soy doctor, soy electricista y usted se empeña en venir todas las semanas al negocio de reparación a pedirme lo mismo. Y después sale y compra cajitas de Sugus en el kiosco de enfrente. ¿Sabe algo Amanda? Me cago en el barrio de mierda este que le sigue la corriente. ¿Sabe dónde tendrían que estar los locos como usted? ¡En un puto psiquiátrico! Así que déjeme de joder Amanda.
Se marchó dando grandes zancadas, lejos de todo juego.
La anciana mujer se quedó endeble ante la brisa, observando como se alejaba aquella persona.
- ¿Por qué me tuvo que decir tantas barbaridades? - se preguntó - ¿Puede un doctor ser tan bestia?
Suspiró profundamente. Tenía el semblante triste. Pero de repente abrió los ojos bien grandes y esbozó una sonrisa:
- ¡El cardiólogo quizá me las pueda recetar! - dijo en voz alta y tras cruzar la calle, se metió en la carnicería.

lunes, 12 de marzo de 2012

Aniversario

Quedó petrificado delante del calendario. Ese almanaque tan feo que ella había puesto en un costado de la alacena. El mes de marzo estaba rodeado con fibrón rojo y decía en letras grandes "Aniversario".
¡Lo había olvidado! Y entonces supo lo otro, lo peor, aquello que lo había dejado como una roca. Tampoco recordaba la fecha exacta.
Pensar no era su fuerte. ¿Sería en la primera semana? No le convenía, ya había pasado. ¿Y acaso ella no había estado distante los últimos días? Con seguridad la fecha había pasado y ella estaba buscando la manera de echárselo en cara.
Pero tampoco podía quedarse con esa idea, podía ser que aún no llegase la fecha y de esa forma, tendría tiempo para sorprenderla. Pero... ¿cómo iba a averiguar el día exacto? No quedaba bien preguntárselo, y tampoco quería arriesgarse a decir algo como "amor, que te parece si para el aniversario vamos a cenar, te parece esa misma noche o un sábado". Podía funcionar, a menos que cayera un sábado. O que ya hubiese pasado, lo que le daría el pie a ella para arrojar sobre él una catarata de insultos.
Debía hacer algo. Ella entró a la cocina. Traía las compras para el día. La ayudó con las bolsas y le dio un beso. Luego le mostró la mejor de las sonrisas y se lanzó a su suerte: "Amor, que te parece si vamos a cenar para el aniversario".
Ella sonrió de alegría y lo abrazó con ganas. Qué bueno es que tenga tanta mala memoria, pensó. El mes pasado ya había resultado, y ahora otra vez. Suspiró contenta. Para abril iría pensando en un restaurant húngaro, estaba antojada de goulash, pero para esta invitación no tenía dudas: sushi en un japonés.

jueves, 8 de marzo de 2012

Semblanza de una rutina

Aún es temprano, piensa, pero así y todo abandona la cama y se entrega a la rutina. Por la ventana divisa los últimos vestigios de la noche, que ya remite, buscando refugio ante la salida del sol.
Mientras pone el agua en la pava, repasa los quehaceres de la mañana. Lo atrapa el canto del gallo, quebrando la penumbra. Le gusta aquel momento, lo disfruta. Pone la pava al fuego y busca el mate. Lo lava bien y vierte yerba de un solo lado del hueco.
Se asoma al patio y respira con fuerza. El aire puro penetra con vigor en su cuerpo. El amanecer es inminente. Vuelve al interior y apaga el fuego. Con cuidado hecha el agua en el termo.
Vuelca el agua en la parte sin yerba del mate y luego coloca la bombilla. Le da un primer sorbo, cuidando de no quemarse. Aprueba con una sonrisa. Suave, como a él le gusta.
Se pone la camisa y las botas. Toma el termo, el mate y un sombrero para cuando asome el sol. Sale otra vez, pero ahora por la puerta del frente. Lo espera un viejo tractor, que anhela lo jubilen.
Sube, pero antes de ponerlo en marcha, permanece allí contemplando el infinito verde. Algunas manchas amarillas en el paisaje le recuerdan semanas de sequía. Sorbe un trago. El mate está delicioso. Ceba un par de mates más y luego pone en funcionamiento el motor.
La máquina escupe ruidos durante unos segundos, pero finalmente entona su canto habitual, ese que indica que todo marcha bien. El sol ya está saliendo. De la noche solo queda el canto de algunos grillos y algo del fresco que lo había obligado a cerrar las ventanas algunas horas antes.
Se aleja en el viejo trasto, enarbolando una sonrisa. No hay mejor prisión que la propia libertad.

sábado, 3 de marzo de 2012

Alquimia del dolor

Sobre las teclas del piano las manos van y vienen, mientras los dedos caen en pinceladas que despiertan sonidos armónicos arrancados al silencio, a la habitación vacía, tan solo ocupada por él, ese cuerpo en pena, que encorvado sobre los dientes blancos y negros del colosal instrumento destierran al olvido los dolores del pasado.
Eso en realidad desea, anhela, casi como una súplica, pero sin darse cuenta lo único que está logrando es un principio de la alquimia, transformando las heridas en notas, los crudos recuerdos en melodías que ahora envuelven la sala, recorren los rincones y penetran en sus oídos, regresando consigo el ayer que quería olvidar.
Y de esa manera descubre algo más, una revelación que lo asfixia, lo deja sin consuelo: el dolor no tiene final. Partitura eterna de la vida, ni siquiera muere en la muerte. Se transmuta, escapa, vuela, sin que nadie sepa donde irá a detenerse la próxima vez.

martes, 21 de febrero de 2012

El muchacho de ocho años

Maldito el destino en jugarle tal broma, triste la vida a tornarse tan lenta. Se acerca su cumpleaños después de tanto tiempo. Al fin año bisiesto, al fin un 29 de febrero. Sus piernecitas cortas se encaramarán a la silla para soplar las ocho velitas y abrirá regalos hasta que sea entrada la noche. Pero de todas formas siente pena por sus padres, viejos y cansados, para los cuales los años pasan normales; y por sus hermanos menores, que sin embargo son más grandes. No por nada sueña con un andén y un tren que se aleja, dejándolo olvidado. No por nada maldice al destino, encerrado en un cuerpo que no comprende.

martes, 14 de febrero de 2012

Del verbo amar

Es esa sensación,
difícil de explicar,
parecida a la calma de un río
antes de la tempestad.

Es algo que solo
lo define el verbo amar.
Sensación de vértigo
y felicidad.
De adoración infinita
a una deidad.

Necesidad de decir
una y otra vez
eso que nos hace vivir
el te amo, el te quiero,
una y otra vez.

El deseo de un beso,
de un abrazo
de una caricia sin fin
de unos minutos más
de todo el tiempo del mundo.

Melodías sin letras
de una canción del corazón
impregnando el alma
llenándola de pasión

Eso que sentimos
y nos cuesta describir,
eso que nos hace cosquillas
y nos invita a ser feliz.

Es más que amor,
es un sueño hecho realidad
Es más que un camino,
es un paseo celestial.

Y solo te puedo decir
lo que refleja mi corazón,
aquello que me hace vivir
iluminado por tu sol.

Amor de mi vida,
reina mía y de mi paz,
te amo para siempre,
de aquí a la eternidad.

lunes, 6 de febrero de 2012

Repercusiones de un fracaso

El caso del bioquímico Aldo Casech ha sido el comentario destacado del mes pasado en las gacetillas de la medicina mundial. Como resaltara el investigador Eusebio Montes en "El Jornal Médico" de Madrid "el fallido proyecto a cargo de Casech no solo detiene los avances en el área, sino que además retrasa en materia de conocimientos". Si a esto le sumamos el punto de vista siempre ácido pero certero del neocelandés William Vladir, expresado en "The White Observer", que no tuvo reparos en publicar que "Casech es a la ciencia, lo que Hitler a la paz mundial", llegamos a la conclusión de que el bioquímico cordobés ha perdido prestigio en el terreno internacional.
Para quienes aún ignoren lo sucedido, cosa proco probable a esta altura de los conocimientos, bien vale recordar el título a dos renglones y en letras de molde que pusiera en tapa el semanario argentino de medicina "Al día con la salud", dando a conocer la noticia: "Bioquímico argentino deja en coma a treinta ayudantes por error en un experimento".  
Casech se encuentra al día de hoy bajo tratamiento debido a un severo shock nervioso, en un psiquiátrico de su provincia natal. En tanto, médicos convocados de todo el país buscan la manera de regresar a la vida normal a las pobres víctimas del malogrado experimento. La medicina mundial debate mientras todo esto sucede si descarta para siempre o no las investigaciones previas de Casech, que tres meses antes había anunciado estar, tal lo reflejara "Hora médica" de Distrito Federal, México, en una edición especial dedicada al argentino y su equipo de trabajo: "En las puertas de la inmortalidad".
Si la condición de inmortal puede alcanzarse o no, sigue siendo aún un misterio de la medicina y al mismo tiempo, un mito de la humanidad. Como manifestara en su columna semanal del "Catalunya Med" el licenciado Albert Beltran, "hasta ahora la única forma de lograr la inmortalidad es a través de los logros y la memoria colectiva y ni siquiera eso nos asegura que podamos sobrevivir al tiempo, porque es una carrera desigual y sin sentido".
Ignoramos que pensarán al respecto Casech y los invetigadores que abordan esta temática, que podría decirse, es tan vieja como la humanidad misma.

viernes, 27 de enero de 2012

Temor al mundo

Tengo la luna envuelta y con un moño rojo, preparada para regalar. Tengo un sueño durmiendo en un colchón, con la cabeza sobre la almohada y los pies arropados con nuevas sábanas.
Tengo un mundo afuera que vive en pleno caos, gritándose cosas, insultándose, hablando de la paz a puñetazo limpio, soberbiando el existir, ninguneando al débil.
Y sobre todo tengo el deseo de despertar al sueño, tomar el regalo y abrir la puerta, salir al mundo y elevando la voz anunciar que todo puede cambiar, que todos podemos hacer de esto algo mejor y ofrecer mi obsequio, esperando millones de sonrisas.
Pero también tengo miedo.
Miedo que nadie me escuche y aquellos que lo hagan, se rían y tras media vuelta, sigan peleando en nombre de cosas buenas. Y aquí estoy, con la mano en el picaporte, decidiendo si debo salir.

miércoles, 18 de enero de 2012

De las profundidades

En algún camino de la vida su mente se tornó oscura y opaca como un anochecher.
Fue hace tiempo, tan lejano, tan distante. Pero desde entonces no paró de crecer.
Cada vez más maldita, más retorcida, en una inevitable búsqueda donde no jugaba el azar.
Recorriendo las calles bajo las estrellas, eligiendo la víctima, escogiendo a quién matar.
Sin embargo siempre fue eso, el deseo, la lujuria, con un dejo de perversidad.
Como un vicio que no se puede dejar, como un escapismo de la realidad.
Hasta aquella noche en la que la vio, a ella, a esa mujer que lo convirtió en alguien letal.
Su mente anhelaba la sangre, como su cuerpo y la hoja de acero entonces, al fin, fue mortal.
La muerte a sus pies, mostrándose como lo que es: el fin y nada más.
El pánico lo asaltó y de golpe sus ojos entendieron que no había más allá.
En su mente hubo un quiebre, algo que se rompió, como en aquel anochecer.
Corrió en la noche, sin dirección, mirando hacia atrás. Ya no sabía que había sido de él en el ayer.
Arrojó el cuchillo al río y lo olvidó, como quién aleja de su mente un tormento cruel.
Ni uno ni otro desaparecen, tan solo quedan ocultos debajo de una nueva piel.
Y uno sabe que algún día pueden volver.
De las profundidades pueden volver.

jueves, 12 de enero de 2012

Va mucho más allá

No se trata del simple hecho de encender la luz. No, va mucho más allá. No es solamente el acto de estirar el brazo a la deriva, hasta que los dedos tantean el interruptor sumido en la oscuridad para luego accionar la perilla y bañar la habitación de esa luminosidad que nos devuelve el aliento. No, va mucho más allá. Es todo lo que no se vislumbra de esa acción, aquello que nos motiva a escapar de las penumbras. Es el miedo oculto en nuestro interior, los terrores primarios que escondemos bajo capas y capas de recuerdos y pensamientos. Es la sensación de haber sido rozados en la noche por una mano espeluznante, de haber escuchado el susurro pronunciando nuestro nombre desde la ventana, de estar seguro de los pasos en el pasillo, de ese movimiento casi imperceptible bajo la cama. No es encender la luz. Va mucho más allá. Es volver a sepultar en la oscuridad lo que no queremos ver, sentir ni escuchar. Y paradójicamente, la oscuridad la hacemos con la luz.

viernes, 6 de enero de 2012

La mujer inmaculada

Ella, la mujer, inmaculada. Avanza, acaramelada. La luna aguarda, ajada. Las horas pasadas, las décadas olvidadas, que ella ha atravesado, amando, sufriendo, queriendo, deseando, sintiendo. Ella, que ahora desempolva de la caja sus recuerdos, observando en el reflejo que la edad se ha llevado los mejores momentos. Pero sin rencores, se sabe humana, se sabe amada. Es mujer, es ella. La que lucha, la que no se rinde. Y a sus pies seguirán cayendo, enamorados. Y de sus entrañas, seguirá pariendo. De su alma, seguirá amando. Lo sabe ella, lo sabe la luna que espera y lo sabe el tiempo, testigo eterno.

lunes, 26 de diciembre de 2011

La prueba del enamorado

Extrañar es amar incluso tu ausencia
Es un beso al aire que aguarda tu vuelta
Es saber que contigo se ha ido mi alma
Y que cada partida es amor en silencio

Extrañar son fotografías que no llenan el vacío
Recuerdos que jamás atrapará el olvido
Es un movimiento continuo de dolor con sentido
Es la sensación de ser un adicto desmedido

Extrañar es la prueba del enamorado
Es la clave de sentirse atrapado
Es el regocijo de amar como nunca se ha amado
Es saber que nuestra mitad está en otro lado

Extrañar no tiene cura ni remedio
No es una enfermedad, es un sentimiento
Es la necesidad de amar y tenernos
Y la deseo para siempre, con la eternidad como testigo

jueves, 22 de diciembre de 2011

El inventor

El pequeño Juani era el diablillo de la cuadra pero al mismo tiempo, era el discípulo más avispado del viejo Cañeras. De barba prominente y anteojos hechos en cobre, Cañeras era más que un inventor. Era una eminencia caída en la indiferencia.
Entre sus cacharros oxidados, de los cuales alguna que otra vez, uno servía para algo, se escondían reliquias de los tiempos en que el Consejo Superior acudía a él para afrontar las dificultades del mundo moderno. Sus proyectos habían ayudado a la comunidad. Pero su único fracaso lo había condenado al olvido.
El mundo lo había borrado del mapa y ahora subsistía reparando cacharros de otros. Las reliquias seguían siendo eso y Juani lo sabía. Como también sabía que el error del viejo había sido enseñarles a los hombres y mujeres que la muerte le era común a todos.
Aquel desafortunado invento, que de lejos parecía un reloj de pie, también descansaba en el depósito entre hojalatas y repuestos. Lo que nadie sabía era que Juani lo había puesto en marcha y cada día lo arrimaba a la ventana, apuntando a la gente que pasaba por el lugar.
Sonreía en silencio, mientras tomaba nota del día de la muerte de cada uno. Con sorna luego escribiría una breve esquela y la enviaría en cada caso a quién correspondía el día anterior a su deceso.
El viejo Cañeras, su abuelo, nunca lo sabría.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Eterno y cíclico

Corazón, que te quiero tanto,
tanto como el universo,
universo inmenso y eterno,
eterno como este amor,
amor que se convierte en pasión,
pasión envuelta en alegría,
alegría en tu sonrisas,
sonrisas que son caricias,
caricias que llegan al alma,
alma que cobija felicidad,
felicidad por los dos,
dos que se aman y quieren,
quieren una vida juntos,
juntos de la mano y el corazón.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Amparo y piedad

La barca llegó a oscuras, arrimándose a la orilla con timidez. Los niños saltaron a tierra y se alejaron de la costa. El manto de estrellas que los cobijaba se perdió en la espesura del lugar, rodeado de un mundo mágico de árboles, que recortados contra el cielo eran gigantes inmóviles.
Avanzaron casi a ciegas, guiándose por la espesura y la vegetación. El sonido ausente de la fauna los sobrecogía a cada paso. Cansados, hicieron un alto. No creían posible que pudiera alguien encontrarlos allí. Se recostaron sobre la hierba húmeda, sintiéndose protegidos por aquel inmenso jardín secreto, en medio de una isla que apareció de golpe entre la niebla, salvándolos de la inminente cacería a la que estaban condenados.
Al despertar, descubrieron un lugar que irradiaba paz. No lo dudaron, se quedaron allí por siempre, sin volver a la costa, sin preocuparse por el hambre ni la miseria. Un hogar secreto, en el silencio de una isla y un jardín invisibles para la humanidad. Los cinco niños esclavos vivieron desde entonces en paz y en libertad.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Cosas de pueblo

Mientras el sol bajaba detrás de las viviendas, ya despidiéndose hasta el día siguiente, la señora comenzó a cruzar hacia la vereda de enfrente sin prestar atención a los coches que circulaban por la calle.
Un auto color verde logró esquivarla merced a la pericia de su conductor, pero un vehículo rojo no tuvo la misma fortuna con la persona al volante y terminó levantándola por el aire.
La mujer cayó treinta metros más adelante. Los transeúntes se quedaron paralizados con la escena. Los demás automóviles detuvieron su marcha y sus ocupantes bajaron de los mismos.
Estaba inmóvil, una pétrea figura en el pavimento. La gente comenzó a mirarse entre si. Eran todos rostros conocidos, los mismos de cada día, incluso lo era la señora cuya vida parecía haberse extinguido.
No hubo necesidad de palabras, todo sucedió muy rápido. Un par de personas la cargaron de piernas y brazos mientras otros haciendo mucha fuerza levantaron la esquina de la plaza, como si de una alfombra se tratase.
Arrojaron a la mujer debajo y dejaron caer la punta de la arbolada manzana. Los rostros volvieron a sentirse aliviado y la rutina volvió a su ritmo normal.
El sol desapareció sin pedir permiso.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Ella

Ella es mi voz y mi sonrisa
Es el aire que respiro
Los sueños que sueño
La alegría que me rodea

Ella es la vida por delante
Es el presente que nunca será olvidado
Es el día a día acompañado
Es cada segundo a su lado

Ella es mi milagro
El regalo del destino
El tesoro más preciado
La única razón de todo

Es el nunca más solo
que prometen sus labios
Es el te amo
de cada despertar

Es mi deseo y pasión
La victoria del amor
La derrota del dolor
La esperanza hecha realidad

Ella es todo y mucho más
Las palabras justas no han sido inventadas
Ni lo serán jamás
Porque solo tiene un nombre y es el suyo

Ella es la dueña de mi corazón
El motivo de mi sentir
La culpable de esta felicidad
La causa de vivir