sábado, 10 de noviembre de 2012

Liquidación

El cartel prácticamente lo gritaba en el rostro:
"Última semana, liquidación total"
Los precios eran increíbles. Se mordió los labios. Su mujer se iba a enfadar, pero quién sabe al precio que lo encontraría en un futuro. Sacó su billetera y observó que su tarjeta de crédito estaba allí. Con determinación entró y eligió uno hecho en caoba.
Feliz, siguió camino a su casa. ¿Le diría a su esposa o esperaría la ocasión adecuada? Estaba con esa duda cuando lo atropelló el taxi.
Lo estrenó esa mismo día. Y la verdad que lo pagó a buen precio.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Auxilio

Estaba histérica, además de desesperada. Tomó el teléfono y llamó a emergencias.
- ¡Por favor, urgente, mi madre se ha vuelto loca, no hace más que repetir todo lo que le digo, se ha puesto violenta, pretende atacarme con un cuchillo pero no ha podido dañarme... aún!
Menos de diez minutos después llegó una ambulancia y un patrullero policial. Entraron empujando la puerta. No tuvieron que estudiar demasiado la escena para sacar conclusiones.
Se llevaron a la mujer luego de sedarla.
Al espejo lo dejaron en su lugar.

martes, 23 de octubre de 2012

Click

A veces el click del mouse se disparaba en cualquier lugar. Aquella noche escapó de la pantalla y se ejecutó sobre la cabeza de Pamela. Quedó inmóvil y ya no hubo forma de reanimarla.

domingo, 14 de octubre de 2012

Posteridad

Pidió ser cremado junto a sus libros. Los que había leído y escrito. Se marchó una noche de tormenta, con el cielo azotando la tierra. Quienes lo visitan -ahora cenizas- acercan sus oídos a la vasija que lo contiene. Juran que siempre les narra un nuevo cuento.

domingo, 7 de octubre de 2012

El entrenador

La contratación de Fernando Racegue fue la gran noticia del día en el mundillo deportivo. El nuevo entrenador del club de fútbol más popular de la ciudad fue recibido con mucho escepticismo por todos. No solo por los socios e hinchas del equipo, sino por los de parcialidades rivales y los especialistas de los medios de prensa.
En televisión, el comentarista Luis Pablo Piono, fue terminante: "Una decisión equivocada". Algunos colegas utilizaron palabras similares, otros tildaron de error lo hecho por la comisión directiva. Incluso, algunos futbolistas de la institución, al ser entrevistados, dieron muestras de no comprender la llegada de Racegue.
García, el capitán, confesó que primero pensó que se trataba de una broma. ¡Racegue es ciego! dijo al borde del fastidio.
Y es que realmente lo era. Era de la ciudad y había jugado al fútbol en el equipo de ciegos de la provincia. La gente le tenía aprecio, pero de ahí a ser el técnico la brecha era enorme. Algunos simpatizantes se preguntaban ante las cámaras, desesperados: ¿Cómo hará para analizar al equipo? ¿Cómo verá lo que está mal?
Se sospechaba entonces que seguramente sus ayudantes de campo serían personas de confianza del club. Pero se supo antes de hacerse la presentación oficial, que lo secundarían dos futbolistas amigos no videntes de la selección provincial. 
¡Revuelo!¡Miedo!¡Incertidumbre! Del otro lado, de parte de los hinchas rivales, todo lo contrario. De la incredulidad pasaron a la sorna, al humor pícaro y oportunista. 
Racegue llegó a la sala de prensa a las cinco de la tarde. Solo lo acompañaba el presidente del club. Hubo bullicio a lo largo de cinco minutos. Todos hablaban al mismo tiempo, sin poder diferenciarse una pregunta de la otra. Finalmente, a fuerza de un "shhhhh" constante desde diversos lugares, los atolondrados periodistas guardaron el orden. 
- ¡De a uno, por favor! - pidió Rey Mandaquio, el presidente.
La primera pregunta se caía de madura. Era la que todos tenían en la punta de la lengua. Y tuvo el privilegio el cronista del Diario La Primera, que al límite de la burla, cuestionó el obstáculo físico que padecía el nuevo entrenador y las dificultades que conllevaría para poder ordenar al equipo en la cancha.
Racegue sonrió y a pesar de no ver, dirigió su rostro hacia donde estaba el periodista. 
- Entiendo su preocupación - comenzó diciendo - pero afortunadamente en el plantel tenemos jugadores todos videntes, de momento - se escucharon algunas risas - Si en la semana entrenan bien, con dedicación, no van a tener problemas cuando les toque jugar. Y si están jugando mal, me voy a enterar. Para eso tengo oídos, gracias a Dios. Voy a escuchar el murmullo de la tribuna, los gritos exacerbados cuando se esté jugando mal,  incluso, los mismos reproches que surjan dentro de la cancha, entre los jugadores. Y cuando los escuche, actuaré en consecuencia. Me puedo dar incluso el lujo de llevarme una radio portátil y escuchar alguna emisora, para saber que pasa en el campo de juego. El fútbol no tiene muchos secretos. En la cancha la historia la hacen los jugadores.
Los periodistas se pelearon por hacer la siguiente pregunta, hablando al mismo tiempo e incluso, luchando por tomar el único micrófono en la sala. Finalmente alguien la formuló.
- ¿No cree que es imprudente que un no vidente se haga cargo de un equipo? Es decir, no puede ver a los rivales, estudiar la forma de juego...
- Discúlpeme - contestó- pero el hecho de ver no es garantía de buenos resultados. ¿Acaso los demás entrenadores logran que sus equipos ganen siempre? No, porque eso es imposible. ¿Y si mejor esperamos los resultados y luego juzgamos?
Una nueva ola de preguntas se agitó en la sala. Pero a Racegue no lo incomodaba. Se había percatado que en realidad no eran preguntas, eran formas de desestabilizar su llegada, dudar de su capacidad. Los que preguntaban se creían dueño de la verdad. Pero el futuro no estaba escrito. Ni siquiera lo estuvo para él, que de chico soñaba con jugar al fútbol y debido a su no videncia, pensó que jamás lo haría. Nunca había visto un partido y tampoco lo había necesitado. Porque cuando alguien ama algo, no necesita verlo. Uno necesita sentirlo. 
Era la noticia del día, y quizá de los próximos días, hasta que algún otro hecho lograra acapar la atención.
Sin abandonar la sonrisa en el rostro, siguió contestando.



martes, 25 de septiembre de 2012

El lugar escrito

Su sueño era viajar a aquel lugar mágico, donde las historias recogidas en su mente se burlaban de lo posible, hurgando en lo macabro, lo exótico y paranormal. Ese lugar donde un payaso asediaba a los niños y una tormenta desaparecía a una isla entera. Ese sitio de faros, de bosques y pequeñas bahías, de fríos intensos y miradas gélidas. De asesinos y seres sin nombre. De pequeños que crecen pero siguen siendo prisioneros de sus tormentos. De una búsqueda inalcanzable, hacia una torre que todo lo enlaza. Cada vez que cerraba un nuevo libro, nombraba el sitio en voz alta, como si eso lo predestinara a ese viaje. Es que tarde o temprano se produciría, lo sabía muy bien. Al cerrar los ojos contemplaba un paisaje que conocía como la palma de su propia mano, imposible de confundir. Y al abrirlos, no dudaba en decirlo en voz alta: Iré. Se sentía parte de aquella región del norte, como buen lector de sus historias. Ir sería volver a casa. No sabía en cuál de todos los libros comenzó a sentir pertenencia, y tampoco le importaba. De lo único que estaba seguro, era que aquel era su lugar en el mundo. Cuando se lo comentaba a sus conocidos, estos se reían. ¿Querés conocer a King? Le preguntaban con sorna. Pero él guardaba silencio y sonreía sin resignarse. ¿Conocer a King? ¡A quién se le ocurriría! Ese hombre era tan solo el mensajero. El quería llegar a las entrañas de esa tierra, enterrar sus manos en el fango y encontrar las raíces de su existencia. Y transformarse en un ser más, en un monstruo más de esa geografía, saciar su sed de sangre, esa que lo llamaba tras dar la vuelta a cada página, buscando el final soñado, bajo la lluvia de Maine, en una noche de otoño fatal.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El arduo camino del ascenso laboral

Aspiraba el ascenso desde hacía un par de años. El cargo de "jefe" era su meta y al fin lo habían llamado para una entrevista. Razón suficiente para que sintiera una extraña sensación de vértigo en su estómago y tuviese la frente perlada en sudor. La espera en el pasillo de la gerencia había sido devastadora, temía que los nervios le jugaran una mala pasada frente al gerente y durante todo el tiempo se imaginó echando a perder la oportunidad de las formas más ridículas. Al abrirse la puerta y escuchar su apellido todo miedo se disipó.
Se ubicó en una silla vacía, en tanto la figura imponente del otro lado del escritorio lo ignoraba mientras firmaba varios cheques que luego guardó en uno de los cajones. Una vez que terminó con la operatoria, puso su atención en la persona que tenía delante.
- Para el cargo de jefe se necesitan requisitos ineludibles - le advirtió con voz ronca pero segura.
El hombre se revolvió en su asiento, sin poder discernir si aquello era una pregunta o solo la introducción a la entrevista. Decidió aguardar en silencio.
El gerente buscó en otro cajón una carpeta, de la que luego extrajo un formulario.
- Veamos - dijo, mirando al entrevistado a los ojos - Le voy a hacer unas preguntas para poder determinar si es la persona indicada para el puesto.
Se limitó a asentir con la cabeza, al tiempo que silenciaba un carraspeo que quería incomodarlo en aquel crucial momento.
- ¿Sabe usar una planilla de cálculo? - fue la primer pregunta.
- Si, claro. Es decir, sumas, restas, esas cosas.
- ¿Y si se le pide una planilla de mayor complejidad?
- Bueno, le ordenaría a alguien que lo hiciera.
- Muy bien, muy bien. Dígame ¿si alguna persona bajo su responsabilidad cumple bien con su tarea, cómo debería felicitarlo?
- No debo, para eso se le paga. 
- Bien, muy bien. Ahora el caso contrario, una persona bajo su responsabilidad comete una imprudencia y el sector no alcanza un objetivo por su culpa. ¿Cómo procede?
- Con una reprimenda ejemplar, para que todos aprendan la lección.
- ¿Si alguien le reclama un aumento o beneficio?
- Lo ignoro.
- ¿En caso de reclamo colectivo, es decir, de varias personas?
- Fácil, les recuerdo toda la gente sin trabajo que mataría por ocupar sus lugares.
- Finalmente, ¿Buscaminas, Solitario o Carta Blanca?
- Buscaminas, toda la vida.
- Felicitaciones, el puesto en suyo.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

La simpleza de la felicidad

Le sonrió al calendario y se abrazó a su suerte. Un año con ella. Era feliz.

viernes, 31 de agosto de 2012

Bartolomeo enamorado

Algunos enamorados regalaban flores, otros bombones y no faltaba quién aún persistiera con el antiguo rito de la carta. Pero lo de Bartolomeo era distinto, único. Su regalo era muy difícil de equiparar con otros ejemplos. Porque él a su novia le enviaba cadáveres. Primero fue el de un anciano, luego el de un piloto de autos de carrera y finalmente, antes que ella lo denunciara, el de un bombero.
Mientras lo llevaban preso, bajo una fuerte custodia policial, alcanzó a gritarle por encima de los insultos de la multitud: ¡Amor, en el freezer dejé a tus padres! Ella cayó desmayada al instante. El enamorado Bartolomeo, en cambio, sintió que el corazón le volvía a galopar al ritmo de las mariposas que le revoloteaban en el estómago.

domingo, 26 de agosto de 2012

Indiscutible

No llega el que sabe, sino el que sabe llegar.

viernes, 24 de agosto de 2012

Mejoras productivas

Juró una y mil veces que solo había encendido fuego para preparar un asado, pero no le creyeron. Las pruebas eran contundentes, había enviado  señales de humo encriptadas al cielo y así orquestado el asalto a un banco en una ciudad vecina. Jamás encontraron el dinero, ni a los cómplices, pero lo condenaron a diez años de prisión, que cumplió en su totalidad.
Al tiempo lo volvieron a atrapar.
Juró una y mil veces que solo había querido conectarse a una red wi-fi para revisar el correo electrónico, pero no le creyeron. Las pruebas eran contundentes, se había conectado a la red del banco y transferido todo el dinero a una cuenta suya, que jamás pudieron rastrear. Lo sentenciaron a prisión quince años y salió en cinco por buena conducta.
Pocos meses después, fue arrestrado nuevamente.
Juró una y mil veces que solo se había desintegrado como parte de un experimento científico, pero no le creyeron. Las pruebas eran contundentes, había atravesado cinco bóvedas de máxima seguridad y robado el tesoro del banco central. No pudieron juzgarlo. Desapareció de la celda sin dejar rastro.
Aún buscan los botines de cada asalto.

sábado, 18 de agosto de 2012

El fin de las musas

Las musas, como todo laburante, tienen horarios de trabajo. No siempre coinciden con los del artista y eso es notable a la hora de juzgar el fruto del tiempo invertido por éste. También, cuando las condiciones en las que deben realizar sus tareas no son dignas, realizan medidas de fuerza, que van desde una huelga general que suelen provocar bloqueos artísticos o bien, un trabajo a desgano, que conlleva a producciones de muy mala calidad.
Los críticos de arte, sin embargo, tienden a confudir los estados de las musas, considerando muchas veces, como genialidades los resultados artísticos acontecidos en los momentos en el que las musas menos influencia tenían sobre el artista.
Eso entonces provoca que se avale como bueno lo que no lo es y se ignore lo que realmente vale la pena. Y tanto ha sucedido esto, que ya es imposible determinar cuando un artista ha sido visitado por una musa o tan simplemente, el éxito ha sido decidido por el capricho de un crítico.
Incluso, hay quienes se atreven a decir que las musas hace rato que abandonaron el oficio, dedicándose a menesteres más mundanos, como la producción de la miel de abeja roja o la crianza de amapolas en estado silvestre, y que todo lo que creemos es arte, en realidad no lo es.
Por lo tanto, arte o no, y ante el desamparo de las musas, privado de todo tipo de inspiración, ponemos punto final a este texto. ¡Y que sea tarea del crítico lector determinar lo que de estas líneas, ha resultado!

jueves, 9 de agosto de 2012

Carrera

Los ocho atletas soñaron con tener la carrera perfecta y todos llegaron al mismo tiempo. Los jueces no lo creyeron posible e hicieron repetir la prueba. Ninguno largó esta vez y todos fueron descalificados. Los jueces se proclamaron vencedores.

jueves, 2 de agosto de 2012

Blanco inocencia

Pinté las últimas paredes con el crudo invierno a mis espaldas. Las dejé blancas, inmaculadas. Los vidrios se empañaban por el contraste de temperatura. El paisaje helaba el corazón de solo mirarlo. Pero ya había desaparecido. Lo cubría una mano de "blanco inocencia", como me habían apuntado antes de salir. Una venganza bien ejecutada no tiene condena. Más cuando la impunidad es la moneda de cambio.

sábado, 21 de julio de 2012

El loco del reloj

Le decían el loco del reloj, porque usaba dos en cada brazo. Uno lo utilizaba para saber la hora real, pero nunca la consultaba. Otro lo tenía adelantado diez minutos y era el que usaba más a menudo, dado que señalaba que de esa forma llegaba a tiempo a cualquier cita. Había uno de esos relojes que solo lo observaba cuando sonaba la alarma que le programaba aunque nadie jamás supo la razón de la misma.
El cuarto directamente no funcionaba, pero era recuerdo de su padre. Supo usar en una época un quinto y un sexto reloj, pero con el tiempo se dio cuenta que eran demasiados.
Todas las tardes se sentaba en la plaza, justo frente a una pequeña torre con reloj que ornamentaba la calle principal del pueblo. Se quedaba largo rato mirando como las agujas del mismo iban cambiando de posición, como si en eso se concentrara la razón de la existencia.
Era de poco hablar y evitaba cualquier posbilidad de conversación. Si alguien le preguntaba la hora, le devolvía una mirada enojada y seguía su camino, sin responder ni una sola palabra.
Cierto día sacaron la torre con el reloj, porque la comuna debió venderla para poder pagar unas deudas. Desde entonces todas las tardes permaneció en el lugar donde estaba colocada la torre, parado y con un brazo en alto, mostrando dos de sus relojes. La gente pasaba caminando a su lado y le sonríe. Ni siquiera devolvía esos gestos.
De repente dejó de verse su figura por las calles, justo después de la muerte de su madre. Algunos aventuraron que se había ido del pueblo, otros que había muerto o tenido algún ataque de locura. En realidad estaba en su casa y de allí no salía. Ya no tenía a nadie que le diera cuerda.

domingo, 15 de julio de 2012

Sobresalto

Despertó sobresaltado, con escarcha en los brazos. Había soñado otra vez con sus padres vivos. Reprimió el estremecimiento y se sintió cómodo al saberse bajo su lápida. El fantasma volvió a sumirse en el descanso, que lejos estaba de ser eterno.

martes, 3 de julio de 2012

¿Y si el hombre se cansa?

¿Y si el hombre se cansa?
¿Y si acaso desea apurar su destino, ese al que todos nos espera?
¿Qué pasa entonces, cuando eso anhela?
¿Tiene acaso el derecho de reclamar su parcela?
¿Cuál es nuestra función en semejante dilema?
¿Escucharlo tan solo y cambiar de tema?

El grito es el llanto, el deseo es la pena,
la vida que ya no es vida, cae como la arena.
La sangre en las venas se inquieta y la mente se estresa,
es un cuerpo inerte que suplica, pero ya no reza.
Se encomienda a la vergüenza, al dolor,
se sabe impotente, títere del tiempo,
ya no es el que era, ni tampoco será mucho más
tan solo un cuerpo que aguarda, ni siquiera con paz.

Las horas son lentas, presas de una desgracia,
haciendo del desenlace, una nueva burocracia.
Las agujas marchan llevadas por una brisa,
que en tanto giran, reprimen la prisa.
El hombre cansado solo pide piedad,
que el momento llegue y nada más,
que lo envuelva la noche, Dios o Satanás,
adormeciéndolo para siempre, de esta realidad.

¿Y si el hombre se cansa, pero no puede escapar?
¿Cuál es el destino, si se harta de esperar?
¿Si su deseo es basta y ya no quiere más?
¿Qué?
¿Cómo?
¿Dónde, está la respuesta que sueña escuchar?



domingo, 24 de junio de 2012

De montañas y otras miradas

Llegué a la cima de la montaña extenuado. Mis dos compañeros parecían en mejor forma. Podía observarse el infinito desde aquella altura. El mundo parecía imponente y nosotros, los reyes de todo. Pero cierta sensación se apoderó de mi. Un dolor emocional. Una marea interna que me azotaba con violencia. Porque después de tocar el cielo con las manos, habría que bajar, que volver a la planicie. Y estando tan alto, descender era retroceder, era un regreso no deseado. Les dije a mis compañeros que no volvería con ellos y creyeron que el ascenso me había afectado. De alguna manera se las ingeniaron para sedarme y cuando desperté, me estaban bajando. Sentí que regresaba a ninguna parte y me dejé arrastrar. Ahora nuevamente veo al mundo como siempre, ya no observo el horizonte interminable. No me creo fuerte ante la vida, no me considero valiente ante el porvenir. Sin embargo, vivo. Y sigo. Esperando alguna otra vez, volver a escalar.

domingo, 17 de junio de 2012

Inconcluso

Nicanor era muy bueno escribiendo, pero renegaba de las ideas que se le ocurrían. Empleaba semanas en borradores que luego descartaba, porque el tema no lo convencía o bien, llegaba al último capítulo de una novela y desistía de proseguir, porque consideraba que la trama no era aceptable.
Estuvo en contacto con varias editoriales, que estuvieron a punto de publicarlo en numerosas ocasiones, pero jamás llegó a redactarse contrato alguno. Los editores se mostraban entusiasmados con las sinopsis, razón por la que no entendían las razones que llevaban posteriormente al escritor a abandonar la historia.
Al momento de fallecer, Nicanor no había terminado ningún cuento, poesía o novela. Todas sus obras quedaron inconclusas y archivadas. Tras su deceso, llegó la duda. ¿Había muerto un escritor o un casi escritor?
El debate continua hasta el presente en los ámbitos académicos.

lunes, 4 de junio de 2012

La masacre de los tomates

El rey cabeza de tomate avanzó arengando a sus tropas. La batalla del huerto aun no estaba perdida. Adelante, entre las malezas, se ocultaban astutos los rábanos. La ayuda que las zanahorias habían prometido, nunca había llegado. En cambio, habían sufrido el fuego cruzado de las mazorcas de maíz. ¡Triunfo o salsa! fustigó a los suyos, sabiendo que los llevaba hacia una verdadera ensalada. Al final del día, la tierra se tiñó de rojo.