Primero niños, después adolescentes. Luego, incautos, la vida nos arroja a las fauces de la realidad.
miércoles, 10 de julio de 2013
jueves, 4 de julio de 2013
Sueño asfixiante
Un sueño dentro de otro, dentro de otro, dentro de otro. Un sueño sin salida. Cíclico, asfixiante. Eterno.
Al despertar, el sudor, el espanto. El universo no existe, nada existe. Solo ha sido una pesadilla.
El dios se vuelve a acostar, y lo que sueña, ya no nos incumbe.
viernes, 28 de junio de 2013
Molestia
Una idea se posó sobre mi cabeza. Aleteaba y zumbaba enloquecidamente; por momentos me hacía cosquillas, por momentos me irritaba.
Terminó por fastidiarme. No dejaba que me concentrara en un nuevo relato. Sin vacilar la aplasté con la palma de la mano.
Otra vez en paz me arrojé sobre la hoja en blanco, que tanto trabajo me estaba dando esa mañana.
sábado, 22 de junio de 2013
Si tan solo...
Si pudiera deslizar la mano y barrer de un solo golpe toda la tierra que yace encima de su cuerpo, si tan solo pudiera, lo invitaría a salir de allí, lo llevaría a tomar una copa, le hablaría de sus hijos, de cuánto lo extrañan, del dolor que significó su partida.
Sin dudas que si eso fuera posible, eso sería lo primero que haría. Observando la tumba, la lápida de mármol, las flores marchitas, suspira resignado, es conciente que no va a tener jamás esa posibilidad.
Sabe de imposibles, de pérdidas y derrotas. De angustia y sinsabores. Pero principalmente sabe que no podrá mirarlo a los ojos y decirle lo que tanto desea, eso que tiene atorado en el alma y en la garganta desde el funeral, cuando el contador, entre lágrima y lágrima, le confesó otra tragedia.
Pateando las hojas secas, con las manos bien dentro de los bolsillos buscando calor, le da la espalda a la escena, para escaparse de ese lugar, desolado como el invierno. Sin embargo, en su mente, resuenan esas palabras que dichas al viento, carecen de valor:
- Juancito, hijo de puta, te patinaste en caballos todos los ahorros de la empresa.
Y con bronca, se aleja paso a paso, imaginando ahora sus manos en el cuello de Juancito, apretando fuerte, para matarlo por segunda vez.
viernes, 14 de junio de 2013
Nunca las dos
- ¿Y si dejo caer una piedra? - preguntó con solemnidad Gonzalito.
- Supongo que se hundirá - respondió Alejandro, mientras trepaba a la baranda del puente.
- ¿La tiro?
- Hacé lo que quieras.
Gonzalito bajó, tomó carrera y al llegar a la baranda lanzó la piedra. La vio volar por el aire, cruzándose delante del sol, del cielo celeste, para luego caer con los árboles de fondo de manera majestuosa, sin posibilidad alguna de detenerse, hasta llegar al río que avanzaba cansino, varios metros más abajo.
- Se hundió.
- Y si... - a su hermano las certezas gonzalianas le caían de mala manera.
- La quiero ir a buscar.
Alejandro lo miró, fastidiado.
- Gonzalo, es una cosa o la otra. Nunca las dos. Andá aprendiéndolo.
Y Gonzalito, con sus cinco años a cuesta, volvió llorando a su casa, sabiendo que mamá o papá lo consolaría. Y siempre sería así, estaba seguro: siempre.
jueves, 6 de junio de 2013
Fantasmas
- Sabe Evaristo, lo feo no es que se fue, sino que es probable que vuelva.
- Usted es muy pesimista, don García.
- Y qué quiere... he visto volver cada cosa.
- Ve, ahí tiene. Siempre pensando en pasado. Mire hacia delante, mijo.
- Es que me cuesta Evaristo, uno no conoce otra cosa que lo que ya vivió. No tiene experiencia en el futuro.
- ¿Y quién la tiene? Mire lo que dice. Si así fuera, todos viviríamos siempre en el presente, sin ilusiones ni proyectos.
- No conozco de esas cosas.
- Pues aprenda, hombre.
- La vida me ha enseñado cosas, y pocas son buenas.
- Péguese un tiro entonces, don García. ¡Qué quiere que le diga!
- Se va a reír, pero mire - sacó un revólver entre sus ropas - acá tengo el arma, esperando el momento.
- ¡Guarde esa cosa, no sea imprudente!
- No se asuste, no es para mí. Es por si vuelve.
lunes, 3 de junio de 2013
A buen entendedor
La discusión había llegado al punto más alto de la tarde. La mesa se movía inestable ante los ampulosos golpes que sin darse cuenta le propinaban con los movimientos de los brazos. Los pocillos de café, largamente vacíos, tintineaban sobre los platos en los que estaban apoyados. Las voces se confundían, ya nadie sabía quién hablaba, a quién correspondía tal postura, quién la refutaba, el que estaba a favor, el que estaba en contra. Las voces parecían una sola, pero diciendo cosas distintas. El sonido fue ascendiendo, hasta tapar las demás conversaciones del bar. Finalmente eran gritos, casi al límite de quedar afónicos.
Cuando se hizo el silencio, nadie sabía de lo que hablaba. Se miraron unos a otros, algo avergonzados. Pidieron la cuenta, dejaron sus billetes sobre la mesa y luego se fueron.
Un parroquiano que había observado la situación le guiñó el ojo a Jaime, el mozo.
- Al menos se van y dejan el dinero.
Jaime lo cortó en seco.
- Por favor don García, no me saque a relucir la política a estas horas.
lunes, 27 de mayo de 2013
Amigas de shopping
Cierto día, Analía y Laura salieron de compras. Más allá de los gustos diferentes, coincidieron en el sitio donde gastar el dinero.
El shopping tenía tres pisos y al menos, seis escaleras eléctricas. Pero lo más importante era que estaban todas las marcas de moda.
Analía buscó vestidos de noche y zapatos de taco alto. Se probó al menos cien vestidos, pero compró cinco. Con los zapatos hizo lo mismo. Más de una vendedora la miró con mala cara y su amiga se lo reprochó.
Laura, en cambio, no dio tantas vueltas. Fue muy resuelta a la hora de elegir lo que quería. Al final del día llevaba en sus manos bolsas de diez comercios distintos. Y dentro de las mismas, desde pantalones a remeras, un par de bikinis y ropa interior.
Regresaron juntas en un taxi. La primera en bajarse fue Analía. Laura se despidió y continuó viaje, pero a las dos cuadras le pidió al taxista que la llevara de nuevo al shopping.
Ya sin su amiga, se probó cien vestidos para comprar solo uno e hizo lo mismo con los zapatos, para quedarse con un par. Satisfecha, volvió a su casa.
martes, 14 de mayo de 2013
Nuevo virus
En las noticias la información ocupa todos los espacios. La mayoría de los programas de televisión hablan de lo mismo. Las tapas de los diarios y sus páginas internas, se ocupan del tema. En las radios, ocurre algo similar. En internet, no se habla de otra cosa.
En tanto, en las calles desiertas, el silencio es atroz. De vez en cuando una ventana se abre y alguien espía hacia afuera. O pasa un coche, raudo, escapando a las posibilidades y rompiendo la monotonía. Los cuchicheos son paredes adentro, con voz temerosa, angustiada. Nadie tiene respuestas, solo el temor instalado.
El nuevo virus paralizó el planeta. Todos evitan el contacto, ninguna persona sale a conversar con otra. La tecnología lo permite, el miedo lo ampara.
Al menos, hasta que alguien hable de esperanza o un laboratorio haga un mea culpa.
martes, 7 de mayo de 2013
Alienación
Decidió, en un acto impulsivo, abandonar la sociedad. Se despojó de sus bienes materiales, incluso la casa, y con muy poco, se internó en el bosque. Regresó a los tres días. En el bosque no tenía donde cargar su smartphone.
lunes, 29 de abril de 2013
Cuenta saldada
La habitación olía a sahumerio barato. Las sábanas, revueltas, caían sobre el piso de madera. El cuerpo permanecía rígido, con la indiferencia propia de la muerte. Sobre la almohada las manchas de sangre lloraban la tragedia.
Podía salir por la puerta y olvidar lo que había visto, regresar por el pasillo, bajar las escaleras del hotel y escapar para siempre del pasado. Podía. Sin embargo me acerqué hasta la cama, busqué en mi bolsillo una navaja y tracé sobre la espalda fría las cuatro letras que encadenaban mi condena.
No me importaba quién lo había hecho, no me interesaba un culpable. La había seguido para cobrarme venganza, pero alguien me había ganado de mano. El ayer estaba en paz.
Finalmente, abandoné el lugar.
domingo, 21 de abril de 2013
Historia de un mate de madera
El mate era de madera, no muy grande y algo percudido por el uso. Supo tener uno de calabaza, pero lo había perdido una vuelta en el río. Le quedaba solo éste, que era un recuerdo de su hermano, ya finado. Le pasó un trapo para dejarlo limpio. La casa no tenía vidrios en las ventanas y la tierra que se metía por la noche se recostaba sobre cada objeto de aquel sucucho. No había mucho, pero al menos sobraba dignidad. Así le decía su madre, cuando era pequeña.
Usó el mismo trapo para la bombilla, cuyo metal en algún tiempo tuvo brillo y ahora lindaba los terrenos del óxido, si es que no se le secaba bien cuando se lo lavaba. Se puso de pie a duras penas. Las várices la estaban teniendo a maltraer. Hurgó en la alacena desvencijada, pero por más que buscó no encontró yerba.
Se la había llevado el "ruso" a la isla y no volvía hasta el lunes. Así era su marido. Miró el mate y la bombilla sobre la mesa y el catre a un costado, donde dormitaba Lucía. La pobre se levantaría y no tendría ni un mate para engañar al estómago. Apenas si tenía unos pesos, pero no le alcanzaba ni para el paquete de medio. Ya hasta del mate debía privarse. Rezongó en silencio, aguantando una lágrima.
Se asomó por la puerta de la casilla y observó el ligustro. Tenía varias ramas secas. Le quitó las hojas y las molió sobre la mesa, tratando de apaciguar el ruido, para no despertar a la nena. Cuando tuvo un puñado, lo metió dentro del mate, hizo lugar para el agua que acababa de calentar y finalmente introdujo la bombilla. Cerró los ojos y chupó despacio. El gusto amargo se quedó unos segundos en la boca y luego bajó por la garganta. Sintió la tibieza de la infusión, metiéndose en el cuerpo. Suspiró.
Se acercó al catre y le tendió un mate a su pequeña.
- Arriba niña, que aquí le traigo el desayuno.
miércoles, 10 de abril de 2013
Cuarto inteligente
Mientras algunos niños jugaban a la mancha y otros improvisaban un partido de fútbol con una latita de gaseosa abollada, un grupito conversaba cerca de la puerta que daba al patio del colegio.
Ezequiel hacía alarde del poder adquisitivo de sus padres, con la intención de dejar en claro quien tenían más y mejores cosas.
- El fin de semana nos instalaron a mi y a mi hermano el cuarto inteligente.
Los demás chicos y chicas que escuchaban dijeron en coro "Ohhhhhh", pero sin atreverse a preguntar qué lo diferenciaba de otros cuartos. El mismo Ezequiel, cuya sonrisa atravesaba a lo ancho su rostro, se encargó de explicar.
- Una habitación inteligente es lo más moderno que existe. Cuando uno entra, se enciende sola la luz y con solo pedir en voz alta que se prenda el LCD, el televisor empieza a funcionar - mientras hablaba, observaba los ojos que se agrandaban por la sorpresa en las caras de sus amigos - y eso no es nada, ya sabe en que canales debe prenderse, según la hora.
- ¿Y eso? - preguntó Marcelo.
- ¡Porque es inteligente, sabe los gustos míos y de mi hermano! Y esperen, que eso no es todo. Tiene una kitchenette automática...
- ¿Una qué? - interrumpió Ramiro.
- ¡Una kitchenette! Una especie de cocina. Pero todo automático eh, todo. Con hablarle, te prepara lo que quieras. Café con leche y medialunas calientes, un sánguche de jamón crudo y palmitos, lo que quieras. Y tiene heladera, pero no una común, ojito, ésta tiene cinco dispenser, uno de gaseosa fría, otra de jugo de naranja, una para el yogurt bebible, y las dos restantes no me acuerdo, porque no las usamos. Es impresionante. Y cuando es hora de dormir, las luces se van apagando de a poco y según el clima, el split se programa solo para que caliente o enfríe el lugar. Una vez que nos quedamos dormidos, si el tele quedó encendido, se apaga.
Terminó con una sonrisa, saboreando el silencio que se hizo a continuación, quebrado finalmente por el timbre que señalaba el fin del recreo.
- Disculpá, me quedó una duda - dijo Nacho, que jugaba con una moneda de diez centavos entre sus dedos - ¿A la hora de dormir, la habitación llama a tu mamá para que te de el beso de las buenas noches, también?
- Y no... - respondió Ezequiel, contrariado.
- Mirá vos - dijo Nacho alejándose para volver al salón de clases -, me quedo con la mía entonces, que viene con ese servicio antiguo y pasado de moda.
viernes, 5 de abril de 2013
Del rebote de las piedras
De chiquito había descubierto, de casualidad, que las piedras podían rebotar en el agua. Se necesitaba práctica, pero era posible. Ya más grande, se dedicó a estudiar el fenómeno. Años enteros encerrado en laboratorios y oficinas, junto a otros catedráticos, evaluando y descartando hipótesis.
El peso, la velocidad, la fuerza, la distancia, el ángulo, la caída, el impacto. Años y años. Mecánica de fluídos, física, matemática... Tantas veces había experimentado el lanzamiento, batido marcas, estudiado por horas el hecho en cámara lenta en gigantescas pantallas de video, que aquello más que un estudio científico parecía una obsesión.
Una mañana amaneció viejo, achacado. Se había hecho construir la casa a orilla de un lago, en las afueras de la ciudad. Caminó bajo el primer sol de la mañana, a paso lento. Dejó que el agua mojara sus pantuflas. Se agachó, tomó una piedra y tanteó el peso. Giró su brazo, buscó el ángulo y la lanzó. La piedra hizo un rebote, luego otro y otro, y otro, y otro. La perdió de vista, sabiendo que seguiría saltando sobre el agua hasta llegar al otro lado de la orilla. El movimiento podía ser eterno, si las condiciones se prestaban.
Suspiró y dejó escapar el aire. En esa piedra y en todas las demás, se había ido su vida. De rebote en rebote, sin mirar atrás. Esa era su conclusión, esa era su tésis final.
lunes, 1 de abril de 2013
Vértigo
martes, 19 de marzo de 2013
La sabia sorda
martes, 12 de marzo de 2013
Año y medio
La vista era imponente. Con la taza de café humeante, la contemplaba en silencio, como correspondía. La oscuridad del universo lo seguía deslumbrando. Era alucinante y paradójicamente, brillante.
Un simple cálculo le permitía saber donde estaba. La cantidad de días navegando a la velocidad de la luz era la clave para saber la posición de la nave. Y esa jornada marcaba el año y medio exacto.
Dejó de lado las cuentas, fascinado por esa cifra. Dieciocho meses. Parecía como si solo hubiesen pasado unas pocas horas desde el despegue en la base ubicada entre las montañas. Sin embargo, aquello estaba ahora muy lejos, más de lo que cualquiera pudiera imaginarse.
A veces pensaba en el planeta, en lo que había quedado atrás. La ciencia era su deber y por eso había asumido la misión. Cada tanto volvía la mirada hacia las pantallas para observar ese universo basto e infinito que se extendía a su merced, siempre inalcanzable, misterioso y desconocido.
No se animaba a cavilar sobre el futuro, la realidad que encontraría a su regreso, del paso del tiempo en la gente que quería. En su momento puso todo sobre la balanza y evaluó. No dudó jamás en la decisión. Tampoco se arrepentía. Eran simples pensamientos en medio de un viaje único, deseado desde su infancia, cuando soñar aún era un juego y no una meta.
La voz de Mariana llegó a sus oídos. Giró la cabeza y la vio, recién despierta, saliendo de la habitación, vistiendo tan solo un camisón rosado. La más brillante de todas las estrellas, la más hermosa también.
Cuando ella le dijo que estaba dispuesta a acompañarlo en ese viaje, no tuvo más que preparar los bolsos. En el confín de la existencia, con el amor de su vida. ¿Qué más podía pedir? ¿Descubrir el sentido de la vida?
Acaso ya lo había hecho, el enamorarse de ella. Ahora solo viajaba en nombre de la ciencia, buscando otras respuestas, quizá menos importantes.
jueves, 7 de marzo de 2013
Rescate
La mujer atendió el teléfono.
- Escúcheme Adolfina Wellington - exhortó la voz del otro lado de la línea - Escúcheme bien. La estamos llamando del futuro. Tenemos raptado a su hijo. Queremos un millón de dólares por el rescate...
- ¡Pero yo no tengo hijos! ¿Qué clase de broma es esta?
- Le digo que la estamos llamando del futuro. En el futuro usted tendrá un hijo, pero no lo podrá ver crecer, porque morirá llevándolo al colegio, junto a su marido, en un accidente de auto. Por eso, la llamamos al pasado. Para que valore la vida de su hijo, que ha quedado huérfano. Y para que nos deposite en una cuenta que le vamos a pasar...
- Espere un minuto. ¿Se cree que soy tonta?
- No le miento señora, no es fácil hacer una llamada desde el futuro, hemos inventado una tecnología nueva, si quiere, pregúnteme lo que desee, así puede quitarse la dud...
¡Trac!
La mujer colgó el teléfono con fuerza.
- ¿Quién era amor? - preguntó su esposo, que estaba pintando la habitación del departamento que habían alquilado tras el casamiento.
- Un estúpido y una jodida broma. Pero por las dudas, te aviso. Desde esta noche, preservativo.
domingo, 3 de marzo de 2013
Ideas
En el sector de novedades encontró el libro que siempre soñó escribir pero que jamás había escrito.Consternado, buscó al librero.
- ¿Cómo es posible? Yo no he escrito este libro aún - le dijo con bronca.
El dueño de la tienda sonrió.
- Es que ese libro lo escribió otro. Quizá se cansó de esperarlo a usted.
- ¿Me quiere decir que si un escritor se demora, la idea va a parar a la cabeza de otro?
- Por supuesto. Se dice que "Esperando a Godot" era una idea de Steinbeck, pero finalmente la escribió Beckett.
- Pero... ¿ahora que debo hacer?
- Escribir la próxima idea que tenga en mente.
- Esa era la única.
- Entonces limítese a leer, que tampoco es tarea fácil.
El hombre se marchó desahuciado, con las manos vacías. El librero lo observó cruzar la calle, bajo el marco de la puerta.
- Novatos, creer que las ideas les pertenecen. ¡Como si las musas tuvieran dueños! - y luego de chistar, se metió en la tienda, donde una señora estaba a punto de comprar un par de libros usados.
miércoles, 20 de febrero de 2013
El viudo
Al revelar el rollo notó una constante en sus instantáneas: en cada toma había sangre. No era un gran novedad, dado que era fotógrafo de la policía, pero existía un detalle: las fotografías eran de su viaje de bodas.