viernes, 4 de mayo de 2012

Alvarito

Alvarito, siempre tan tímido. Le pidió al poeta del pueblo que le escribiera una poesía para la chica que le gustaba y para tal fin, se la mostró desde lejos. Al otro día los cruzó sentados en un bar, bebiendo una gaseosa y tomados de la mano. Alvarito, siempre tan comedido. Su amigo del alma necesitaba que lo acompañara una noche a la casa de sus suegros. Lo vio meterse por la ventana y se quedó esperándolo bajo la luna. Solo debía avisarle si llegaba alguien. Pero ni siquiera se percató del policía que lo apresó por merodear en forma sospechosa. Alvarito, siempre tan compasivo. Los niñitos que piden limosna siempre han sido su debilidad. Imposible no detenerse frente a la iglesia y sacar la billetera para darles unos pocos billetes a esos niños deseosos de comida y cariño. Una vieja costumbre, que tanto le han recomendado no hacer. Sobre todo si hay otros observando y que al doblar la esquina no tienen el menor reparo en detenerlo, ponerle un cuchillo en la garganta, sacarle la billetera y salir corriendo. Alvarito, siempre tan Alvarito. Creer que todo está bien, que las cosas pasan porque si y no porque uno las provoca. Por eso va por la vida como si nada, sonriendo, saludando, esperando lo mejor de todos. Porque si uno da lo mejor, seguramente recibirá lo mejor... ¿o no? ¿Un telegrama bajo la puerta de su casa? ¿Despedido? Se resigna, otra vez tendrá que tirar curriculums... Ay Alvarito, siempre tan vos. Así nunca vas a ser alguien.

3 comentarios:

Con tinta violeta dijo...

Pues...visto como está montado este mundo injusto...mejor no ser nadie...Este Alvarito me ha caído bien. Buen Relato Neto!

Horacio Beascochea dijo...

Pues a reinvindicar los Alvaritos, entonces.

Abrazo

SIL dijo...

La candidez, aún siendo una virtud, suele tener sus aristas negativas.
Debiera haber más Alvaritos para mejorar el mundo.


Un abrazo.


SIL