Trece. El maldito número aparecía en cada puto lugar. Lo veía en las hojas del árbol que se mecía en las sombras, en las tejas del vecino, en el dinero en su billetera. Trece. Apenas si podía dormir. La ventana le mostraba trece estrellas. Cumplía trece noches fuera de la cárcel. Trece. Maldita su suerte. Se levantó y buscó el arma. Basta. Miró el reloj. Eran las tres, con trece minutos. Se puso el cañón en la boca y gatilló. Click. No tenía balas. Era trece. Trece de enero. Gritó "puta madre" y volvió a la cama. Ya no pudo dormir. El destino le había hecho la cruz.
Los Angirû 5, la amistad no se rinde
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¡Los Angirû están de regreso!
Rabdomantes Ediciones acaba de anunciar el lanzamiento de la preventa del
quinto tomito de esta hermosa historieta que teng...
Hace 1 día

2 comentarios:
Pobre desgraciado, el trece le resultó maldito. Comenté con trece palabras ¿vió?
Besos!
Jaja, que lo vuelva a intentar hoy, en una de esas... tiene ¨suerte¨.
Abrazo, Netito.
SIL
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