domingo, 24 de junio de 2012

De montañas y otras miradas

Llegué a la cima de la montaña extenuado. Mis dos compañeros parecían en mejor forma. Podía observarse el infinito desde aquella altura. El mundo parecía imponente y nosotros, los reyes de todo. Pero cierta sensación se apoderó de mi. Un dolor emocional. Una marea interna que me azotaba con violencia. Porque después de tocar el cielo con las manos, habría que bajar, que volver a la planicie. Y estando tan alto, descender era retroceder, era un regreso no deseado. Les dije a mis compañeros que no volvería con ellos y creyeron que el ascenso me había afectado. De alguna manera se las ingeniaron para sedarme y cuando desperté, me estaban bajando. Sentí que regresaba a ninguna parte y me dejé arrastrar. Ahora nuevamente veo al mundo como siempre, ya no observo el horizonte interminable. No me creo fuerte ante la vida, no me considero valiente ante el porvenir. Sin embargo, vivo. Y sigo. Esperando alguna otra vez, volver a escalar.

4 comentarios:

SIL dijo...

Hay lugares de los que no se vuelve...




Beso



SIL

Con tinta violeta dijo...

El vértigo del infinito. Una vez se siente...resulta extraño volver a la realidad.
Besos!

quimeras dijo...

desandar el camino no siempre significa retroceder personalmente...

Fernando Garriga dijo...

asi son los vicios ¿o no has tenido otros?