sábado, 19 de abril de 2014

Dueño del momento

En media hora debía salir hacia su cita. El estómago puntualmente comenzó a gruñirle.
- La vas a pasar mal, no vayas - tradujo su mente.
Evitó pensar en ello. Estaba yendo al psicólogo desde hacía un año justamente para solucionar ese problema que lo aquejaba desde que tenía memoria.
Treinta minutos después caminaba hacia el bar que ella le había indicado en un mensaje al celular. Sentía que en su panza habían inaugurado una montaña rusa sin su consentimiento.
- Volvete a casa, te vas a descomponer - le dijeron mediante retorcijones sus intestinos.
Pensó en otra cosa. En los ojos café que lo esperaban, de miradas cálidas que lo derretían. En la posibilidad de una caricia, tal vez un beso.
Llegó. La puerta verde invitaba a entrar con música alegre que sonaba del otro lado. Puso la mano en el picaporte.
- Te vas a arrepentir, pegá la vuelta - escuchó que en un susurro le decía el estómago.
Se mordió los labios. Debía vencer esa debilidad. Tenía que ser dueño del aparato digestivo y no al revés. Abrió la puerta.
Había mesas, gente feliz alzando copas, una banda tocando en vivo, una larga barra, un barman rodeado de botellas y cerca de una ventana, ella, esperándolo con una sonrisa.
Casi corrió a su encuentro. Hubo un breve tirón en su vientre, pero no le hizo caso. Llegó a su lado, besó su mano y ella lanzó una bella carcajada, luego, siguiendo la gracia, se inclinó para reverenciarla. Allí, al agacharse, su culo largó un pedo.
- Te dije - tradujo del pedo, mientras se ponía rojo de vergüenza y salía corriendo para ponerse a salvo.
La morocha se quedó sola contra la ventana, confundida y envuelta en un halo de desagradable destino.

4 comentarios:

el oso dijo...

Jajajaja!!! Hay que hacer casos a los avisos del destino y del intestino.
Abrazo!

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Una parte de si misma conspira contra él. Que frustrante.

Carlos de la Parra dijo...

Nos demuestra el poder destructivo de un pedo.
No puedo evitar por haber leído ésto imaginar cuantos romances y cuantos negocios se habrán destruído por un simple pedo.
Creo que hay que ser más humano y perdonar cuando ésto ocurre.
¿Quién jamás se ha tirado un pedo?

SIL dijo...

Cierto... pero su naturalidad no resta el espanto del que lo recibe.

Y en las mujeres, simplemente es condenatorio, pecado mortal, crimen imperdonable y estigma perpetuo.


Nunca es mala la verdad... :)



Abrazo.