miércoles, 17 de septiembre de 2014

El peligro de contestar encuestas y no ser narcotraficante

Todos los días le llegaba al correo electrónico una encuesta para completar. Sabía que era la misma porque la abría, leía el encabezado y la borraba sin pensarlo dos veces.
Un día, harto, la completó. Ni bien la envió, golpearon a la puerta. Al abrir se topó con dos uniformados de color verde. En la solapa podía leer "Seguridad Nacional". Lo apresaron y lo llevaron a un calabozo. Al cabo de unas horas lo llevaron a una sala pequeña, muy oscura.
Una voz firme y ronca habló desde alguna parte del lugar.
- Usted asegura en la pregunta catorce que gana menos de cuarenta mil al año. Sin embargo, hemos visto el auto en la cochera. ¿Me puede explicar como, ganando lo que dice, tiene tremendo vehículo?
La pregunta lo desconcertó. Había elegido la respuesta al azar. Contestó eso mismo. El hombre elevó el tono.
- Estaba la opción No sabe no contesta. Y no la usó. ¿Por qué?
Aquello parecía una broma de mal gusto. Pero no conocía quién podría llevar una broma a tal punto. Dijo que no la vio. El que hacía las preguntas pareció salirse de quicio. Pateó algo, que pareció una silla.
- ¿Acaso va a negar que ha afirmado que le gustaría viajar en avión en los próximos doce meses? No me venga con estupideces, señor. ¿Dónde la guarda?
No tuvo tiempo de preguntar qué cosa. Desde las sombras emergió la figura de un hombre de mediana estatura, gorra militar en la cabeza y ojos inyectados de furia.
- ¿Dónde guarda la droga con la que compró un auto y planea viajar en avión en los próximos meses?
Si, definitivamente debía ser una broma. No podía estar pasando. Tendría que haber sentido miedo en ese momento, pero en realidad, lo que sentía era curiosidad. Y esa contrariedad de sensaciones lo llevó a cometer un error. Lanzó una carcajada.
La autoridad profirió una orden y lo sujetaron por la espalda. Al levantar el brazo, extendió una copia de las preguntas de la encuesta.
- Acá están las pruebas, señor. Usted y su estúpido impulso de contestar algo que no sabe para que le envían, lo han hecho pisar el palito. No nos diga dónde la guarda, si no quiere, nosotros la encontraremos. Aunque nos lleve toda su vida.
Lo llevaron a la rastra por un pasillo largo y angosto. Lo arrojaron a una celda distinta a la anterior. Escuchó el sonido metálico de la puerta al cerrarse y luego el silencio.
Esperó por horas hasta caer rendido de sueño. Cuando despertó había un plato con lo que parecía ser, algo de comida. Aquello se convirtió en un ritual. Nada lograban sus gritos, insultos y amenazas. Nadie acudía a verlo. Las palabras de aquel hombre volvían a su mente una y otra vez, celosas de la certeza que revestían: aunque nos lleve toda su vida.
No tenía drogas, no había posibilidad que encontraran lo que no existía. Su condena era literal.

2 comentarios:

SIL dijo...

Pasa en la vida, pasa en las películas, pasa en TNT, podría pasar hoy mismo en la Argentina...



=)


Abrazo.

Alejandro G. dijo...

Excelente