domingo, 21 de abril de 2013

Historia de un mate de madera

El mate era de madera, no muy grande y algo percudido por el uso. Supo tener uno de calabaza, pero lo había perdido una vuelta en el río. Le quedaba solo éste, que era un recuerdo de su hermano, ya finado. Le pasó un trapo para dejarlo limpio. La casa no tenía vidrios en las ventanas y la tierra que se metía por la noche se recostaba sobre cada objeto de aquel sucucho. No había mucho, pero al menos sobraba dignidad. Así le decía su madre, cuando era pequeña.
Usó el mismo trapo para la bombilla, cuyo metal en algún tiempo tuvo brillo y ahora lindaba los terrenos del óxido, si es que no se le secaba bien cuando se lo lavaba. Se puso de pie a duras penas. Las várices la estaban teniendo a maltraer. Hurgó en la alacena desvencijada, pero por más que buscó no encontró yerba.
Se la había llevado el "ruso" a la isla y no volvía hasta el lunes. Así era su marido. Miró el mate y la bombilla sobre la mesa y el catre a un costado, donde dormitaba Lucía. La pobre se levantaría y no tendría ni un mate para engañar al estómago. Apenas si tenía unos pesos, pero no le alcanzaba ni para el paquete de medio. Ya hasta del mate debía privarse. Rezongó en silencio, aguantando una lágrima.
Se asomó por la puerta de la casilla y observó el ligustro. Tenía varias ramas secas. Le quitó las hojas y las molió sobre la mesa, tratando de apaciguar el ruido, para no despertar a la nena. Cuando tuvo un puñado, lo metió dentro del mate, hizo lugar para el agua que acababa de calentar y finalmente introdujo la bombilla. Cerró los ojos y chupó despacio. El gusto amargo se quedó unos segundos en la boca y luego bajó por la garganta. Sintió la tibieza de la infusión, metiéndose en el cuerpo. Suspiró.
Se acercó al catre y le tendió un mate a su pequeña.
- Arriba niña, que aquí le traigo el desayuno.

3 comentarios:

Horacio Beascochea dijo...

Muy (pero muy) crudo

Saludos

SIL dijo...

Tremendas realidades, sociedades ciegas, sordas y mudas, convivientes entre hambrientos, indigentes, y tipos que se suben a Ferraris.


Terrible relato, mejor no sigo el coment.



Abrazo, Netito.

el oso dijo...

Si dice que la yerba berreta viene mezclada con ligustro.
Esta sociedad se empecina en crear vidas berretas.
Abrazo