Con las manos sucias aún de cal, César entró a su casa. Se las limpió con un trapo húmedo, pero no tenía ganas de bañarse. Su mujer se lo reprocharía más tarde, pero para él ya había sido suficiente. Había trabajado desde temprano en el fondo del patio, donde estaba levantando un tapial. Ni siquiera había tenido tiempo para cumplir el encargo de su esposa, que le había pedido que le llevara una canasta con huevos a su prima, que vivía a un par de cuadras.
Agotado, se dejó caer en el sillón. Con el control remoto encendió el televisor. En la pantalla apareció un periodista comentando una noticia de actualidad. Tras escucharlo quince segundos, César cambió de canal con cierto fastidio.
- ¡Miente! ¡Cómo siempre!
Fue cambiando compulsivamente, cada programa que ponía le desagradaba.
- ¡Mienten, todos mienten! ¡Ya no se le puede creer a nadie en este país! ¡A nadie!
La voz de Alicia llegó desde la cocina.
- ¿Viejo, pero qué te pasa?
- ¡Qué me va a pasar! No se puede ver nada en televisión. Se la pasan mintiendo, como si todos fuéramos estúpidos y nos chupáramos el dedo.
- ¡Pero apagá esa cosa, por favor! Leé un libro, andá a pasear al perro, pero no te alteres.
- ¡Para no alterarme! ¡Todos mienten vieja, absolutamente todos!
- Ay, César. Te va a hacer mal ponerte así. Decime, ¿le llevaste los huevos a Irma?
- ¿Los qué?
- Los huevos que te pedí que le llevaras...
- Ah, si, si. Se los llevé.
- Bueno, apagá eso y andá a hacer otra cosa.
- Todos mienten Alicia, todos. Absolutamente todos.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Todos mienten
miércoles, 6 de febrero de 2013
Hora de dormir
El niño cerró los ojos y los mantuvo apretados con fuerza. El ruido de cada noche estaba ahí. Era algo en el ropero, pero ni mamá ni papá le creían. Un sonido seco, como de alguien pelando nueces. Como cada noche, luego de un rato, volvió el silencio. Pero ya no el sueño. Permaneció con los ojos apretados hasta el amanecer, sin poder dormir. Al abrirlos, las cáscaras de nueces cubrían la habitación completa.
domingo, 27 de enero de 2013
Descubrimiento
Revisaba un libro viejo de mi madre cuando entre las hojas apareció una estampita. Estaba desgastada por el tiempo y llevaba un angelito dibujado en la cara delantera. Miré el reverso y leí: Recuerdo de mi segunda muerte, 12-10-1931. En letras doradas, casi borradas por el paso de los años, estaba mi nombre. Me estremecí. ¿Cómo podía ser? ¡Era inaúdito! Pensé que esa, había sido la primera.
miércoles, 23 de enero de 2013
Próximo best seller
El científico, dos veces ganador del Nobel, llegó a una terrible conclusión: el mundo no es otra cosa que un violento sueño de su vecino de enfrente. Su próximo libro espera conmocionar a la sociedad académica; se llamará "Lo despierto o lo dejo durmiendo".
jueves, 17 de enero de 2013
Derrotero de una mariposa
La mariposa vuela en forma errática, escapando del niño que la persigue con un palo en cuyo extremo superior hace gala de una red lo suficiente grande como para atrapar a un pájaro.
Se mezcla entre las hojas de un árbol, pero el cazador la distingue y vuelve a la carga. No le queda otra salida que volar hacia la casa. Por cada despliegue de sus alas, puede ver las paredes más cercas, ya casi encima de su fisonomía. Los ladrillos se aproximan, como así las tejas, las ventanas...
Al cruzar delante del vidrio, observa su reflejo, pero es difícil precisar si comprende que es su propia figura la que allí se posa, suspendida en el aire. Aunque es fácil confirmar que se ha olvidado de la persecusión y del peligro que está corriendo.
Es entonces que la red se hincha en el aire y cae con fuerza, arrastrando a la mariposa en su vientre. El niño chilla de alegría, porque ha logrado su cometido. Acerca su rostro, colorado por el esfuerzo, a la red y posa los ojos en ese pequeño ser que bate sus alas de manera desesperada.
La mariposa ahora tiene miedo. Puede ver al cazador que la ha atrapado, que acerca su rostro para intimidarla. Y en sus ojos oscuros, otra vez el reflejo. Es el mismo ser alado de hace unos instantes, pero ahora se muestra inquieto y asustado.
La mano del niño se agiganta y la visión se esfuma. Su cuerpo se comprime y queda a oscuras. Así transcurre una eternidad, hasta sentir que finalmente la presión remite y sus alas otra vez son libres. Pero cuando intenta alejarse, se golpea contra una superficie que pareciera no estar y observa, en lo alto, un círculo oscuro, como de metal.
Sin embargo no es hasta que se calma y deja de batir sus alas en vano, que observa a su alrededor, distinguiendo en aquel lugar decenas de seres como los que vio en la ventana y en los ojos del niño, ya cansados de luchar por su libertad, resignados y abatidos, dentro de frascos de vidrio, esperando su suerte, que no es otra que el paso del tiempo, de las horas, los segundos, la misma muerte.
domingo, 13 de enero de 2013
Trece
Trece. El maldito número aparecía en cada puto lugar. Lo veía en las hojas del árbol que se mecía en las sombras, en las tejas del vecino, en el dinero en su billetera. Trece. Apenas si podía dormir. La ventana le mostraba trece estrellas. Cumplía trece noches fuera de la cárcel. Trece. Maldita su suerte. Se levantó y buscó el arma. Basta. Miró el reloj. Eran las tres, con trece minutos. Se puso el cañón en la boca y gatilló. Click. No tenía balas. Era trece. Trece de enero. Gritó "puta madre" y volvió a la cama. Ya no pudo dormir. El destino le había hecho la cruz.
domingo, 6 de enero de 2013
Desayuno interior
Por la mañana caliento el agua, mientras pongo el fuego para las tostadas. Corto el pan en rebanadas y coloco yerba en el mate. Aguardo mirando por la ventana los primeros indicios del sol. En breve el agua va a un termo y el pan en la tostadora.
Luego me siento ante una mesa demasiado grande para mi pequeña soledad y desayuno con la compañía de los sonidos que vienen de afuera: los pájaros, algún perro del barrio que pretende despertar a sus dueños con ladridos, el sonido de la mañana que nace a regañadientes.
La bombilla se entibia con el mate y mis labios la apresan suavemente, anhelantes de ese líquido amargo que recorre su cuerpo. Me remonto a otros tiempos, otros despertares, el mate trae nostalgia, recuerdos.
Me preparo una tostada con manteca. Observo como se derrite. Antes le ponía también azúcar. Ahora me han pedido que me cuide, con lo dulce y lo salado. La salud, el tiempo, los años. De todos modos la saboreo. El paladar disfruta el instante. Apuro la bombilla para que los sabores se combinen.
Ruego para que el mundo se detenga, que sea siempre este momento. Ruego en silencio, para mis adentros, sabiendo que nadie me escucha. Es una plegaria en vano. Es una vida en vano. Por la mañana mi mente es siempre más clara. El resto del día se turba, se confunde. Y no puedo hacer nada contra eso.
Mientras retiro las cosas de la mesa, comprendo que la magia se ha ido, el mundo ha vuelto a moverse. El sol indica afuera que el día ha comenzado. Los sonidos ya son otros. Hasta el segundero del viejo reloj de pared pareciera correr más rápido.
Golpean la puerta. Son ellos. Me vienen a buscar. Busco en el cajón de la única mesa de luz el chumbo y por las dudas, la navaja. Salimos temprano, la calle está dura y uno cada día más viejo. El crimen ya no paga como antaño. Dejo la casilla atrás. Ya soy otro. El de la tarde y la noche. El del choreo y la mala junta.
viernes, 28 de diciembre de 2012
La inocencia...
Julián estaba desesperado. El hombre insistía en acomodar la tapa.
- ¡Fue una broma! ¿Cuántas veces se lo tengo que decir?
- ¡Qué broma ni ocho cuartos! ¡Usted estaba muerto y aquí es donde debe terminar!
- ¡Entienda, es el Día de los Inocentes!
- Si me lo traen muerto, yo hago mi trabajo. Arrepentimientos acá, no. Funeraria Manrique tiene cuarenta años de trayectoria mi amigo. Así que cierre el pico, y saque los dedos, que se los aplasto sin miramientos.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Falsa alarma
- ¿Gordo, qué hora es?
- Casi las doce.
- ¿Y ahora?
- No queda otra, vayamos al laburo.
- ¿Pero qué decimos?
- Que fuimos víctimas de una publicidad engañosa.
- Con las ganas de no ir que tenía...
- De no ir hoy, no ir mañana...
- Y si.
- Y bue... acostumbrate, ningún final místico te va a salvar de tener que laburar para ganarte el pan de cada día.
- Que jodida es la vida.
lunes, 10 de diciembre de 2012
Reviviendo
El cuasi doctor quitó el estetoscopio del cpu y frunciendo el ceño sentenció: un virus. Los niños lloraron. Papá fue fuerte y solicitó el formateo. Reviviría, pero comenzaría otra vez de cero. ¡Qué dura era la vida de una computadora!
martes, 20 de noviembre de 2012
Sol mediante
jueves, 15 de noviembre de 2012
Pan Dulce de Navidad
Si algo le gustaba de la cercanía de Navidad, era que podía elegir entre decenas de marcas de pan dulce. Con frutas, sin frutas, con chocolate, frutas secas, marmolado, con nueces, con almendras, con pasas de uva, tipo pannetone, grandes, chicos, artesanales, con baño glaseado encima, en lata, en caja de cartón. La variedad era infinita. El momento de pararse delante de la góndola del supermercado para optar por uno o cuando aguardaba el turno en la panadería, sin dejar de mirar las distintas clases en los exhibidores, era su preferido. Esa adrenalina cargándose en su cuerpo, esperando por el momento en que diría "deme un pan dulce con...". Esa instancia previa a comprarlo y meterlo en el bolso. Aquello le fascinaba. Por eso agradecía la cercanía de las fiestas.
- ¿Se lo envuelvo para regalo? - dijo la cajera del comercio al observar que se llevaba la "Edición Deluxe" de la marca más cara del mercado.
El hombre la miró distraído, aún ensimismado en sus pensamientos. Cuando se percató de lo que le hablaba, respondió sin vueltas.
- No te preocupes, lo llevo así nomás, total no me gusta.
Y con aire de persona realizada, salió a la calle, feliz con su compra cuyo destino inevitablemente era el cobertizo de su casa, donde amontonaba todo pan dulce que pudiera. El mal olor que lo invadía cada vez que abría la puerta no lo intimidaba. Era una razón más que alimentaba su afán de vengar su infancia: ¡No mamá, no me gusta el pan dulce, no mamá, no me obligues!
Sentía que con su compra, ayudaría al menos a una persona a no sufrir.
sábado, 10 de noviembre de 2012
Liquidación
El cartel prácticamente lo gritaba en el rostro:
"Última semana, liquidación total"
Los precios eran increíbles. Se mordió los labios. Su mujer se iba a enfadar, pero quién sabe al precio que lo encontraría en un futuro. Sacó su billetera y observó que su tarjeta de crédito estaba allí. Con determinación entró y eligió uno hecho en caoba.
Feliz, siguió camino a su casa. ¿Le diría a su esposa o esperaría la ocasión adecuada? Estaba con esa duda cuando lo atropelló el taxi.
Lo estrenó esa mismo día. Y la verdad que lo pagó a buen precio.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Auxilio
Estaba histérica, además de desesperada. Tomó el teléfono y llamó a emergencias.
- ¡Por favor, urgente, mi madre se ha vuelto loca, no hace más que repetir todo lo que le digo, se ha puesto violenta, pretende atacarme con un cuchillo pero no ha podido dañarme... aún!
Menos de diez minutos después llegó una ambulancia y un patrullero policial. Entraron empujando la puerta. No tuvieron que estudiar demasiado la escena para sacar conclusiones.
Se llevaron a la mujer luego de sedarla.
Al espejo lo dejaron en su lugar.
martes, 23 de octubre de 2012
Click
A veces el click del mouse se disparaba en cualquier lugar. Aquella noche escapó de la pantalla y se ejecutó sobre la cabeza de Pamela. Quedó inmóvil y ya no hubo forma de reanimarla.
domingo, 14 de octubre de 2012
Posteridad
Pidió ser cremado junto a sus libros. Los que había leído y escrito. Se marchó una noche de tormenta, con el cielo azotando la tierra. Quienes lo visitan -ahora cenizas- acercan sus oídos a la vasija que lo contiene. Juran que siempre les narra un nuevo cuento.
domingo, 7 de octubre de 2012
El entrenador
La contratación de Fernando Racegue fue la gran noticia del día en el mundillo deportivo. El nuevo entrenador del club de fútbol más popular de la ciudad fue recibido con mucho escepticismo por todos. No solo por los socios e hinchas del equipo, sino por los de parcialidades rivales y los especialistas de los medios de prensa.
En televisión, el comentarista Luis Pablo Piono, fue terminante: "Una decisión equivocada". Algunos colegas utilizaron palabras similares, otros tildaron de error lo hecho por la comisión directiva. Incluso, algunos futbolistas de la institución, al ser entrevistados, dieron muestras de no comprender la llegada de Racegue.
García, el capitán, confesó que primero pensó que se trataba de una broma. ¡Racegue es ciego! dijo al borde del fastidio.
Y es que realmente lo era. Era de la ciudad y había jugado al fútbol en el equipo de ciegos de la provincia. La gente le tenía aprecio, pero de ahí a ser el técnico la brecha era enorme. Algunos simpatizantes se preguntaban ante las cámaras, desesperados: ¿Cómo hará para analizar al equipo? ¿Cómo verá lo que está mal?
Se sospechaba entonces que seguramente sus ayudantes de campo serían personas de confianza del club. Pero se supo antes de hacerse la presentación oficial, que lo secundarían dos futbolistas amigos no videntes de la selección provincial.
¡Revuelo!¡Miedo!¡Incertidumbre! Del otro lado, de parte de los hinchas rivales, todo lo contrario. De la incredulidad pasaron a la sorna, al humor pícaro y oportunista.
Racegue llegó a la sala de prensa a las cinco de la tarde. Solo lo acompañaba el presidente del club. Hubo bullicio a lo largo de cinco minutos. Todos hablaban al mismo tiempo, sin poder diferenciarse una pregunta de la otra. Finalmente, a fuerza de un "shhhhh" constante desde diversos lugares, los atolondrados periodistas guardaron el orden.
- ¡De a uno, por favor! - pidió Rey Mandaquio, el presidente.
La primera pregunta se caía de madura. Era la que todos tenían en la punta de la lengua. Y tuvo el privilegio el cronista del Diario La Primera, que al límite de la burla, cuestionó el obstáculo físico que padecía el nuevo entrenador y las dificultades que conllevaría para poder ordenar al equipo en la cancha.
Racegue sonrió y a pesar de no ver, dirigió su rostro hacia donde estaba el periodista.
- Entiendo su preocupación - comenzó diciendo - pero afortunadamente en el plantel tenemos jugadores todos videntes, de momento - se escucharon algunas risas - Si en la semana entrenan bien, con dedicación, no van a tener problemas cuando les toque jugar. Y si están jugando mal, me voy a enterar. Para eso tengo oídos, gracias a Dios. Voy a escuchar el murmullo de la tribuna, los gritos exacerbados cuando se esté jugando mal, incluso, los mismos reproches que surjan dentro de la cancha, entre los jugadores. Y cuando los escuche, actuaré en consecuencia. Me puedo dar incluso el lujo de llevarme una radio portátil y escuchar alguna emisora, para saber que pasa en el campo de juego. El fútbol no tiene muchos secretos. En la cancha la historia la hacen los jugadores.
Los periodistas se pelearon por hacer la siguiente pregunta, hablando al mismo tiempo e incluso, luchando por tomar el único micrófono en la sala. Finalmente alguien la formuló.
- ¿No cree que es imprudente que un no vidente se haga cargo de un equipo? Es decir, no puede ver a los rivales, estudiar la forma de juego...
- Discúlpeme - contestó- pero el hecho de ver no es garantía de buenos resultados. ¿Acaso los demás entrenadores logran que sus equipos ganen siempre? No, porque eso es imposible. ¿Y si mejor esperamos los resultados y luego juzgamos?
Una nueva ola de preguntas se agitó en la sala. Pero a Racegue no lo incomodaba. Se había percatado que en realidad no eran preguntas, eran formas de desestabilizar su llegada, dudar de su capacidad. Los que preguntaban se creían dueño de la verdad. Pero el futuro no estaba escrito. Ni siquiera lo estuvo para él, que de chico soñaba con jugar al fútbol y debido a su no videncia, pensó que jamás lo haría. Nunca había visto un partido y tampoco lo había necesitado. Porque cuando alguien ama algo, no necesita verlo. Uno necesita sentirlo.
Era la noticia del día, y quizá de los próximos días, hasta que algún otro hecho lograra acapar la atención.
Sin abandonar la sonrisa en el rostro, siguió contestando.
martes, 25 de septiembre de 2012
El lugar escrito
Su sueño era viajar a aquel lugar mágico, donde las historias recogidas en su mente se burlaban de lo posible, hurgando en lo macabro, lo exótico y paranormal. Ese lugar donde un payaso asediaba a los niños y una tormenta desaparecía a una isla entera. Ese sitio de faros, de bosques y pequeñas bahías, de fríos intensos y miradas gélidas. De asesinos y seres sin nombre. De pequeños que crecen pero siguen siendo prisioneros de sus tormentos. De una búsqueda inalcanzable, hacia una torre que todo lo enlaza. Cada vez que cerraba un nuevo libro, nombraba el sitio en voz alta, como si eso lo predestinara a ese viaje. Es que tarde o temprano se produciría, lo sabía muy bien. Al cerrar los ojos contemplaba un paisaje que conocía como la palma de su propia mano, imposible de confundir. Y al abrirlos, no dudaba en decirlo en voz alta: Iré. Se sentía parte de aquella región del norte, como buen lector de sus historias. Ir sería volver a casa. No sabía en cuál de todos los libros comenzó a sentir pertenencia, y tampoco le importaba. De lo único que estaba seguro, era que aquel era su lugar en el mundo. Cuando se lo comentaba a sus conocidos, estos se reían. ¿Querés conocer a King? Le preguntaban con sorna. Pero él guardaba silencio y sonreía sin resignarse. ¿Conocer a King? ¡A quién se le ocurriría! Ese hombre era tan solo el mensajero. El quería llegar a las entrañas de esa tierra, enterrar sus manos en el fango y encontrar las raíces de su existencia. Y transformarse en un ser más, en un monstruo más de esa geografía, saciar su sed de sangre, esa que lo llamaba tras dar la vuelta a cada página, buscando el final soñado, bajo la lluvia de Maine, en una noche de otoño fatal.
lunes, 17 de septiembre de 2012
El arduo camino del ascenso laboral
Aspiraba el ascenso desde hacía un par de años. El cargo de "jefe" era su meta y al fin lo habían llamado para una entrevista. Razón suficiente para que sintiera una extraña sensación de vértigo en su estómago y tuviese la frente perlada en sudor. La espera en el pasillo de la gerencia había sido devastadora, temía que los nervios le jugaran una mala pasada frente al gerente y durante todo el tiempo se imaginó echando a perder la oportunidad de las formas más ridículas. Al abrirse la puerta y escuchar su apellido todo miedo se disipó.
Se ubicó en una silla vacía, en tanto la figura imponente del otro lado del escritorio lo ignoraba mientras firmaba varios cheques que luego guardó en uno de los cajones. Una vez que terminó con la operatoria, puso su atención en la persona que tenía delante.
- Para el cargo de jefe se necesitan requisitos ineludibles - le advirtió con voz ronca pero segura.
El hombre se revolvió en su asiento, sin poder discernir si aquello era una pregunta o solo la introducción a la entrevista. Decidió aguardar en silencio.
El gerente buscó en otro cajón una carpeta, de la que luego extrajo un formulario.
- Veamos - dijo, mirando al entrevistado a los ojos - Le voy a hacer unas preguntas para poder determinar si es la persona indicada para el puesto.
Se limitó a asentir con la cabeza, al tiempo que silenciaba un carraspeo que quería incomodarlo en aquel crucial momento.
- ¿Sabe usar una planilla de cálculo? - fue la primer pregunta.
- Si, claro. Es decir, sumas, restas, esas cosas.
- ¿Y si se le pide una planilla de mayor complejidad?
- Bueno, le ordenaría a alguien que lo hiciera.
- Muy bien, muy bien. Dígame ¿si alguna persona bajo su responsabilidad cumple bien con su tarea, cómo debería felicitarlo?
- No debo, para eso se le paga.
- Bien, muy bien. Ahora el caso contrario, una persona bajo su responsabilidad comete una imprudencia y el sector no alcanza un objetivo por su culpa. ¿Cómo procede?
- Con una reprimenda ejemplar, para que todos aprendan la lección.
- ¿Si alguien le reclama un aumento o beneficio?
- Lo ignoro.
- ¿En caso de reclamo colectivo, es decir, de varias personas?
- Fácil, les recuerdo toda la gente sin trabajo que mataría por ocupar sus lugares.
- Finalmente, ¿Buscaminas, Solitario o Carta Blanca?
- Buscaminas, toda la vida.
- Felicitaciones, el puesto en suyo.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
La simpleza de la felicidad
Le sonrió al calendario y se abrazó a su suerte. Un año con ella. Era feliz.
